jueves, 29 de enero de 2009

Slumdog Millionaire: una de las peores nominaciones a los Oscar!!!!!!!!!!!!!

Seré breve, conciso y mordaz:

La última película de Danny Boyle me parece una de las peores nominaciones a los oscares en años, un robo, y un cerote hipnótico. Yo, que no me siento ser un espectador moralista, me sentí indignado con este film tan terrible. Aclaro, mi crítica es mayormente con el contenido de la peli, pero igual, no me limitaré a esto.

Hace mucho tiempo que no veía una peli me provocara querer irme del asiento. (La última fue A perfect couple, de Bob Altman). Ni siquiera la última película de la saga de Rambo, me irritó tanto ideológicamente, ni me hizo sentirme robado. Coincido con Charlie, en que está película hace una apropiación, pero no de un lenguaje, sino de algunas características de un cine Bollywoodense: lo peor de bollywood. Simplemente esta película sería una pesadilla y una ofensa para cineastas indios serios como Satyajit Ray, Mira Nair, Mrinal Sen, Apar Sen, Mehboob Khan, etc, etc, etc, es decir cinestas-raices, cineastas que profundizan, que si se ensucian las manos, no como Boyle que se queda en lo superficial, que no se adentró realmente en lo que podía ser una visión personal de la india.

Con esto último, cualquiera me podría refutar, me podría decir, que la película no es acerca de la india; pero es que no puedo olvidar el contexto donde está hecha. Esta es una película de amor (y su impacto sobre el destino) en la india. Esa historia de amor pudo haber sido contada en cualquier otro sitio. Hubiese sido mejor que se quedara en su querida Londres, o en NY, para contar esta historia, terriblemente urdida con una mirada folklorista, colonizadora. Para colmo el tipo es ingles.

Parece que Boyle necesitaba del exotismo de la india para hipnotizar aún más al público, con su video clip de casi dos horas. Dos horas rayando en lo insoportable. Que terrible.

Admito que tiene una buena manufactura, que su fotografía es buenísima (aunque me parece que Blindness le come el culo, en cuanto a la aplicación de la forma a un contenido), pero el montaje de esta película deja mucho que lamente. Me parece que estamos ante un cineastas que es o muy inseguro de sus planos, o que tiene miedo de aburrir al espectador – como la inmensa mayoría de los cineastas de Hollywood. La escena en que muere la madre de los chicos, a un nivel dramático, me parece terrible, no me conmovió ni un vello púbico. Los tempos que forman esa escena no eran los adecuados. Si bien, el guión tiene episodios que a un nivel dramático tenían mucha fuerza, el montaje y la puesta en escena, desdramatizan y vuelven todo algo muy superficial. Hubiese sido hermoso que Boyle tomara uno o dos de estos episodios con los niños, y lo explotara a un nivel dramático-poético, pero lo que hace este cineasta es querer salir rápido de las escenas, como si no les diera ninguna importancia. Todo se vuelve fútil. Las únicas partes en que logro una tensión en mi fueron las partes del programa de televisión, en las cuales los planos si tenían los tiempo que necesitaba yo como espectador para conmoverme. Igualmente la presencia ominosa de las casualidades de esta historia de amor, realmente no me convencía; no me convencía las casualidades que justificaban el conocimiento de Jamal.

La banda sonora es una de las cosas más terribles que he escuchado desde Tainos. Vaya terrible popurrí para un videoclip.

Desacuerdo con Chemi cuando dice que esta peli es un desafío para los espectadores pasivos (creo que algo así escribió). Esta peli es puré de papa, Herber, papas majadas para cualquiera de mis dos abuelitos muertos. Y por favor, ¿qué innovación del uso del flashback tiene este tipo –pinga, me encabron!!!!-? En fueron más creativos: Tarkovski con el Espejo, Antonioni con Passenger, Allen con Desconstruyendo a Harry, en fin, Chemi sabrá más de esto que yo.

Pregunta ¿Qué hace a Boyle autor, el uso barroco y casi forzado de la mierda en sus películas? Para hacer mierda, prefiero a Michael Bay. Para bien o mal, el cabrón es más autor que Boyle -les puedo dar razones si las quieren.

Y termino con otra pregunta estúpida pero menos hiriente: ¿Cómo alguien –digamos, un artista o artesano- puede ver cosas tan terribles, o mejor dicho, basarse en cosas tan viscerales, y no desgarrarse al reproducirla en la pantalla? ¿Cómo no hacerle justa

Por esto no estoy diciendo que la historia de amor se eliminase, al contrario, hubiese sido bueno que la reforzase con una mejor representación de la india. A lo mejor así, me hubiese tocado la fibra y no odiaría tanto esta película.

He terminado, sin brevedad, ni concisión, pero si con mordacidad.

Wendy & Lucy (!!!)

Como yo no soy bueno escribiendo (o describiendo) las cosas que me gustan, aqui les dejo el review de The New York Times de la nueva película de Kelly Reichardt, "Wendy & Lucy". Fácilmente una de las mejores pelis del 2009, y el año acaba de comenzar. Si tienen la oportunidad, véanla. (Es un retrato sumamente bonito, sutil, y tristemente realista de nuestra generación, y de nuestros tiempos.)



This (New) American Life
By A. O. SCOTT
Published: December 10, 2008

Kelly Reichardt’s latest film, “Wendy and Lucy,” is 80 minutes long — it would fit inside Baz Luhrmann’s “Australia” twice, with room to spare — and does not contain a superfluous word or shot. Like “Old Joy” (2006), Ms. Reichardt’s modest and critically beloved second feature, “Wendy and Lucy” takes place mainly outdoors and registers the natural beauty of the Pacific Northwest with unostentatious affection.

Instead of a musical soundtrack there is, for the most part, the sighing of the wind in the trees, the rumbling of freight trains and trucks and, sometimes, the absent-minded humming of Michelle Williams, who plays Wendy, a young woman drifting through Oregon and Washington on her way to Alaska.

The Northwestern setting might put you in mind of a story by Raymond Carver, whose clean-lined prose has something in common with Ms. Reichardt’s reserved and attentive shooting style. At first glance “Wendy and Lucy” looks so modest and prosaic that it seems like little more than an extended anecdote. A young woman pauses on her journey in a nondescript, weary town and encounters a run of bad luck, some of it brought about by her own bad decisions. Her car breaks down. She is arrested for shoplifting. Her dog goes missing.

But underneath this plain narrative surface — or rather, resting on it the way a smooth stone rests in your palm — is a lucid and melancholy inquiry into the current state of American society. Much as “Old Joy” turned a simple encounter between two longtime friends into a meditation on manhood and responsibility at a time of war and political confusion, so does “Wendy and Lucy” find, in one woman’s partly self-created hard luck, an intimation of more widespread hard times ahead.

This movie, which was shot in August 2007 and made its way through various international festivals before arriving in Manhattan on Wednesday, seems uncannily well suited, in mood and manner, to this grim, recessionary season. We may be seeing more like it, which I suppose would be a silver lining of sorts.

Ms. Reichardt, quietly establishing herself as an indispensable American filmmaker, explores some paradigmatic and contradictory native themes: the nature of solidarity in a culture of individualism; the tension between the lure of the open road and the longing for home; the competing demands of freedom and obligation.

But these lofty ideas — the same ones that animated Sean Penn’s “Into the Wild,” another movie about a young person’s trek toward Alaska — are grounded in an unyielding material reality, subject to the remorseless logic of the cash nexus. The most expressive, most heartbreaking moment in “Wendy and Lucy” involves a small sum of money changing hands, a gesture that encapsulates both Ms. Reichardt’s humanism and her unsentimental sense of economic reality. Whatever big dreams may be driving Wendy, her mind is necessarily focused on dollars and cents.

Ms. Williams, always a thoughtful, risk-taking actress (see everything from “Brokeback Mountain” to “I’m Not There” to “Synecdoche, New York”), here expunges all traces of movie star glamour, dressing in brown, knee-length cut-off shorts and a shapeless blue sweatshirt, and framing her delicate, slightly elfin face with drab dark hair. Wendy’s manner is wary and diffident, and she calculates the dangers and possibilities of every encounter as if she were counting out pennies and dimes. She confronts a casually indifferent, intermittently compassionate world with an attitude that seems at once independent and helpless. Contemplating the final leg of her journey, which began in Indiana, Wendy is resilient and determined. Also lost, terrified and alone.

Except, that is, for Lucy, the yellow-brown mutt who is her companion, her responsibility and one of the few fixtures in Wendy’s mobile, minimal world. She has, in addition to her dog, an old Honda Accord, a money belt and a notebook in which she carefully records mileage and expenses. Her plan is to find work in a fish cannery, maybe in Ketchikan.

“I hear they need people up there,” she says. It’s a plain and practical statement that is also terribly sad in its implications. Apart from Lucy, there may not be anyone else who needs or wants Wendy.

When Wendy calls her sister back in Indiana from a pay phone, the sister is curt and suspicious, expecting a request for money or assistance. Some of the strangers Wendy meets are a little more generous and encouraging, but always within the constraints of their own circumstances. A parking lot security guard (Walter Dalton) becomes the closest thing she has to a friend, but only after he has shooed her off the premises. A mechanic (Will Patton) knocks a few dollars off his towing fee and gives her the benefit of his automotive expertise, which may hurt more than it helps. With one exception — a young supermarket worker (John Robinson) who insists on strict enforcement of the store’s zero-tolerance policy toward shoplifters — people give Wendy a break when they can.

Ms. Williams and the filmmakers (Ms. Reichardt wrote the screenplay with Jon Raymond, from whose story “Train Choir” “Wendy and Lucy” is adapted) refrain from making too overt a play for our sympathy. Like the locals Wendy encounters, we don’t know enough about her to form a clear judgment, and we may subject her to our own doubts and prejudices.

I think the film’s neutral, nonexpository style encourages this, allowing the more conventional-minded among us to wonder if driving to Alaska is really the best idea, or to question the wisdom of other aspects of Wendy’s plan. Disapproving of Wendy’s choices is one route to caring about her, which in turn leads to some difficult, uncomfortable questions. What would any of us do in her situation? What would we do if we met someone like her? How can we be sure we haven’t?

What will happen to her? The strength of this short, simple, perfect story of a young woman and her dog is that this does not seem, by the end, to be an idle or trivial question. What happens to Wendy — and to Lucy — matters a lot, which is to say that “Wendy and Lucy,” for all its modesty, matters a lot too.

miércoles, 28 de enero de 2009

Resumen del 2008 en Claridad

El 2008 en el cine
Cine
Chemi González/Especial para En Rojo
Puerto Rico • 29 de enero al 4 de febrero de 2009
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El 2008 por sí solo no fue un gran año en el cine. El 2007 sí, y muchas de sus mejores películas nos llegaron entre el 1ro de enero y el 31 de diciembre del 2008 a nuestras salas de cine. Como ése es el criterio para escoger las mejores películas vistas en el año, 7 de las 10 películas que recordamos fueron originalmente estrenadas en 2007, lo mismo sucede con 2 de las 10 películas que conforman las “otras 10” películas que numeramos. Pero lo cierto es que cualquiera de estas películas es razón suficiente para seguir celebrando el séptimo arte como muchos lo celebramos:

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1. The Diving Bell and the Butterfly (Julian Schnabbel)- La más hermosa y profunda reflexión acerca de la muerte vista en el cine en los últimos años. Pero un segundo vistazo no nos la confirma como una película sobre la muerte, sino más bien un homenaje a la esperanza, la memoria y la imaginación como los motores que nos permiten seguir viviendo. Basada en la historia real de Jean Dominique Bauby, con una impresionante fotografía de Janusz Kaminski.

2. Eastern Promises (David Cronenberg)- Cronenberg es como el vino y cuanto más envejece mejor se pone. En éste su décimoquinto largometraje se encuentran básicamente al menos 3 ó 4 de las secuencias más impresionantes de su cine y demuestra un pleno dominio del medio cinematográfico que muchos quisiéramos lograr, pero sólo unos pocos pueden alcanzar. Un magistral Viggo Mortensen completa el banquete más cinematográfico del año

3. Persepolis (Marjane Satrapi/ Vincent Paronnaud)- Satrapi adapta su propia novela gráfica en animación blanco y negro en una adaptación cinematográfica exquisita para los ojos y abundante para los sentidos. Un viaje por la historia moderna iraní vista a través de “Marji” quien crece a la par con importantes hechos en su país y luego como mujer los siente en carne propia al convertirse en inmigrante.

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4. Rachel Getting Married (Jonathan Demme)- Las 3 películas anteriores fueron estrenadas originalmente en 2007, pero sin duda ésta- al menos de lo visto hasta -ahora representa la mejor película del 2008. Al morir Robert Altman, Demme heredó su trono como el mejor cineasta estadounidense actualmente en ejercicio-al menos en opinión de quien esto escribe,- opinión que sé tendrá muchos detractores . Buena prueba de ello es este filme, una oda precisamente “Altmaniana” a la reunión de una familia disfuncional muy gringa, con el propósito del casamiento de su hija pródiga.

5. I´m Not There (Todd Haynes)- Haynes sigue destacándose como uno de los cineastas posmodernos por excelencia. Aquí realiza su ejercicio más complejo, retador y en muchas ocasiones errático hasta ahora, pero el resultado es fascinante. Contar a través de 5 personajes que son y no son Bob Dylan, la historia de este icono que literalmente cambió la manera en que la humanidad percibía la música popular por medio de sus ya clásicas canciones, que son retrato vivo de varias generaciones. Los 5 Dylan tienen su encanto, pero Cate Blanchett es quien más queda en la memoria.

6. Wall E (Andrew Stanton)- Rápidamente este filme ha sido considerado casi unánimemente como una de las grandes películas animadas de la historia del cine. Y no es para menos, ya que por tantas razones, desde su impecable animación de una belleza visual hasta ahora inaudita en las producciones del estudio Pixar hasta por su serio planteamiento de protesta hacia las grandes corporaciones que acaban con nuestro planeta, esta joyita no cesa de impresionarnos.

7. There Will be Blood (Paul Thomas Anderson)- Este cineasta, en mi opinión prematuramente alabado, por fin encuentra voz propia después de intentar demasiado ser Robert Altman en sus anteriores trabajos. Aquí, siguiendo la historia del ambicioso Plainview (un Daniel Day Lewis que ganó un merecidísimo Oscar por su trabajo aquí) que antepone todo, incluso familia por su propia ambición, construye uno de los más complejos estudios de personajes vistos últimamente en el cine y a la vez hace un contundente comentario acerca de la codicia.

8. The Band´s Visit (Emar Kollrini)- Esta producción multicultural no es nada menos que una deliciosa comedia y una alegoría ante la falta de comunicación que reina en el planeta. La historia de una banda militar egipcia invitada a Israel a tocar en una actividad judía, termina por error llegando a un pueblo fantasma israelí, en donde tendrán que comunicarse en lengua extranjera y a la vez formar lazos inusuales, pero necesarios para poder sobrevivir su temporera convivencia.

9. Slumdog Millionaire (Danny Boyle)- El “feel good movie” del año no es nada menos que un singular asalto a nuestros sentidos y un reto constante a nuestra condición de espectador condicionado. Boyle nos lleva por todos los laberintos que puede soportar una narrativa convencional y a la misma vez nos hace salir tan contentos como podamos de una película que contiene alguna de las escenas de tortura y odio más desesperantes que se hayan visto en el cine reciente.

10. Sweeney Todd (Tim Burton)- Después de casi una década de traspiés cinematográficos- a pesar de que Charlie and the Chocolate Factory tuvo sus encantos- Burton regresa adaptando este musical con una puesta en escena en la que aparecen todos los elementos de su particular mundo sombrío con una madurez visual y un evidente crecimiento en su dominio del medio, pero en donde sus excesos volvieron a ser parte integral de su propuesta, no una distracción.

Las próximas 10: Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen), Después del fracaso de Cassandra´s Dream, Allen vuelve a sus cabales con su mejor comedia en años, llena de su particular humor y dos excelentes actuaciones de Rebecca Hall y Penélope Cruz, Burn After Reading (Coen Bros), después de los triunfos obtenidos por No Country for Old Men los Coen descansan de la intensidad de dicho filme montando un disparatado festín en donde todo el mundo desde Frances MacDormand a Brad Pitt fue invitado, por no dejar de mencionar que tuvo el mejor final de cualquier película de este año, The Darjeeling Limited (Wes Anderson), Después de la fallida Life Aquatic, Anderson se redime, impartiendo su particular mezcla de humanismo y rareza a la historia de un improbable trío de hermanos en una misión espiritual en la India, Milk (Gus Van Sant), es un enfocado retrato del activista homosexual Harvey Milk (Sean Penn) con un excelente guión y buenas actuaciones en las que se destaca Josh Brolin como el “villano” de la historia, Elegy (Isabel Coixet).

Después de su maravillosa The Secret Life of Words, Coixet nos entrega otro retrato sensible y sincero de un hombre mayor enamorado de una mujer enferma y menor, Starting Out In the Evening (Andrew Wagner), nos devuelve al mejor Frank Langella en el papel de un recluso novelista y escritor que sólo mantiene lazos con su hija y quien descubre nuevamente la cara hermosa y dolorosa del amor a través de una joven estudiante que realiza una tesis sobre él, Changeling (Clint Eastwood), es la más débil de las películas recientes de Eastwood, eso es lo único que hay que reprocharle a este filme que retrata con el siempre pelicular detallismo Eastwoodniano, una época- los años 20- y una historia, The Visitor (Thomas MacCarthy), resultó una sorpresa agradable: una película que resalta la importancia de la tolerancia racial en tiempos particularmente intolerantes, con otra acostumbrada actuación magistral del siempre poco apreciado Richard Jenkins. The Dark Knight (Christopher Nolan), quizás pasará a la historia como la última película del malogrado Heath Ledger, pero lo cierto es que aparte de su excelsa interpretación, Nolan seguía con su sombría, compleja y torturada reinterpretación del clásico héroe encapuchado y Charlie Wilson´s War (Mike Nichols), que no será recordada como una de las grandes películas de Nichols, pero con suficiente de su humor siempre irónico y mordaz para constituir otro grato rato en el cine.