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miércoles, 27 de marzo de 2013

Un estimulante paseo continental

     La cuarta edición del festival de cine europeo “Hecho en Europa”, organizado por la Alianza Francesa, fue sin duda la más exitosa de las que han orquestado hasta ahora. Dando inicio en 2010 como un festival de cine francés, a partir del año siguiente fue expandiéndose a un festival con una selección más amplia que abarca todo el continente europeo. Decisión sabia que no dudo fuera provocada por el gran entusiasmo de un público cinéfilo ávido de ver lo más reciente y reconocido del cine europeo en pantalla grande- aunque ahora gracias al internet y a Netflix, Hulu, Comunidad Zoom y otros servicios de “streaming” cualquier cinéfilo esta mucho más cerca de su cine predilecto que antes, no hay que olvidar que el cine nació y sigue siendo pensado para la pantalla grande, y así lo preferimos recibir por vez primera muchos cinéfilos y en Puerto Rico, lo que no traiga Caribbean Cinemas prácticamente no lo vemos- este año se fue por encima de las ediciones anteriores por varias razones, por el número de títulos- 30 largometrajes- lo abarcador de los países en muestra- además de los omnipresentes España, Francia, Italia e Inglaterra, también se vio cine de Portugal, Republica Checa, Rumania, Suiza y Austria, entre otros- y la cantidad de realizadores representados en la muestra, desde veteranos como los Hermanos Taviani, Marco Bellocchio y Ken Loach, hasta muchos de los más vibrantes talentos del cine actual como Miguel Gomes, Christian Petzold, Christian Mungiu, Ursula Meier y Pablo Berger.  Escribo en este articulo sobre mis 7 favoritas del festival.


     El mejor filme de los 10 que vi, al menos para quien esto escribe, fue Reality, séptimo largometraje del italiano Matteo Garrone y el primero desde su consagración internacional lograda con su obra maestra Gomorrah. Al igual que ese filme, Reality fue premiada con el gran premio del jurado en la pasada edición del festival de Cannes. Garrone sigue interesado en la clase obrera napolitana que ha sido punto focal de su obra como cineasta, al igual que esos planos secuencias fluidos y relajados que Garrone todavía utiliza magistralmente y valientemente, cuando el plano secuencia en el cine parece que cada día con mayor rapidez queda relegado al olvido. Por consecuencia, el espectador siente la sensación de que flota y se transporta con ligereza y libertad de una secuencia a otra. El gran rompimiento con Gomorrah se da en el cambio de tono del filme. Reality es una comedia surrealista, una sátira mordaz a la “realidad” contemporánea. Garrone no duda ni por un momento en poblar su pantalla de personajes tan comunes y corrientes que resultan excéntricos por demás. Personajes reales de la Nápoles mas profunda que con su naturalidad nos arropan. La historia de Luciano (Aniello Arena), un pescador napolitano que por capricho de sus hijos audiciona para la versión italiana del “reality show” Big Brother y en consecuencia empieza a desligarse mentalmente de su entorno y entra en estado de paranoia, nos resulta hilarante, enternecedora y surrealísticamente trágica por como Garrone hace que nos identifiquemos con los sueños pequeño-burgueses de la mayoría de la población global-por si queda duda de que el filme puede hablarle a todo tipo de espectador, mientras veíamos la proyección comentaba con unas amistades como una secuencia particular, la de la audición de Luciano pudo haber ocurrido en Plaza las Américas, o en cualquier centro comercial de cualquier lugar, provocando las mismas reacciones. Garrone nos recuerda por momentos en este filme la paranoia buñueliana pero sobre todo siempre me asombro viendo Reality y cómo este hubiese sido el tipo de filme que a Fellini le hubiese gustado hacer en la última fase de su carrera, sino hubiese estado tan preocupado por ser “Fellini” y llenar la pantalla constantemente de cuanto vericueto sonoro/auditivo fuera posible. Reality es deudor en su espíritu más surrealista y excéntrico al Fellini comentarista social de La Dolce Vita o Ginger and Fred. Pero es en definitiva mucho más libre y sin estridencias. Cabe destacar la excelente actuación de Aniello Arena en el papel principal de Luciano. A tono con la predilección de Garrone por los actores no-profesionales, Arena es un criminal que Garrone conoció en las calles de Nápoles, y al comenzar a preparar el filme pensó inmediatamente en él para el papel principal, pero Arena se encontraba en la cárcel, así que Garrone decidió posponer el rodaje hasta que Arena cumpliese su sentencia y estuviera de nuevo en libertad. Cuando el filme triunfó en Cannes,  irónicamente, Arena se encontraba de nuevo en la cárcel. Son detalles como estos y el que Garrone nos confirme que basó su filme en una historia real, lo que sazonan la extraordinaria experiencia de ver Reality y reconfirmar a Garrone como uno de los cineastas más vitales e imprescindibles en ejercicio.


     Cuando vi por primera y única vez La mujer sin cabeza de Lucrecia Martel me acuerdo que salí consternado y hasta molesto del cine. No entendía como mi admirada Martel podía haber perpetrado aquella película tan impenetrable, áspera y aparentemente tan desconectada de su entorno. Unos días después de haberla visto, mientras desayunaba como un sopetón, todo, absolutamente todo acerca de la película me hizo sentido, y ahora puede ser que sea mi favorita de sus tres largometrajes. Algo similar, pero en menos tiempo, me ocurrió con Tabú de Miguel Gomes, a pesar de que iba algo preparado a su proyección ya que mucho había leído de lo que sin duda alguna ha sido una de las películas más aclamadas  del 2012 y años recientes, afirmación a la que me uno sin reservas. El tercer largometraje de Gomes es una exquisita reflexión cinematográfica acerca del replanteamiento de la historia y sus más recónditos vericuetos. Dividido en dos partes, una primera en la Lisboa moderna y otra en la jungla africana de hace medio siglo atrás, Tabú sigue la historia de Aurora, una señora mayor y acaudalada (Laura Soveral),  Pilar, su vecina (Teresa Madruga) y Santa, la inmigrante africana que la cuida (Isabel Cardoso) y como el pasado de la primera tendrá repercusiones inesperadas en el entorno de las otras dos mujeres. Pero eso es solo la explicación más superficial y escueta que se puede dar de una línea narrativa mucho más compleja y rica en matices sociopolíticos, metafóricos y visuales. Se trata de una obra maestra de esas a las que hay que volver más de una vez. Verla por vez primera es solo escarbar un poco su superficie, hay que volver a ella para seguir desentrañando sus misterios. Destacan las excelentes actuaciones de las tres protagonistas ya mencionadas y la excelente fotografía en blanco y negro de Rui Pocas. Miguel Gomes es otro de esos indispensables que de seguro tendrán mucho que ver en los caminos que tome el cine narrativo mundial en los próximos años.


     Más que indispensables, imprescindibles son los Hermanos Paolo y Vittorio Taviani, que aunque octogenarios afortunadamente siguen produciendo. Su filme más reciente Cesar Must Die  es un docudrama que fue premiado con el oso de oro en el festival de Berlín del 2012. En esta ocasión los directores de La Notte di San Lorenzo se enfocan en un grupo teatral de una prisión romana que está montando el clásico shakesperiano Julio Cesar. Sin hacer alardes de ningún tipo de virtuosismo más que el de ser aparentemente invisibles cronistas de un proceso, los Taviani nos presentan el proceso de los reos/teatreros en cada una de sus fases: reunión inicial, audición, primera lectura, ensayos en diferentes puntos de la prisión, la memorización de líneas y ensayos individuales de cada integrante, el montaje escenográfico y la presentación final, y están entremezclados por igual diferentes momentos de reflexión de los diferentes integrantes del grupo en revelaciones que ponen en justa perspectiva para el espectador un proceso mucho más liberador y digno de lo que pudiera pensarse a simple vista. Cesar Must Die trabaja con maestría distintos niveles que deben dar pie a una discusión más amplia, pero destaco dos: reivindica el poder de la obra del bardo Shakespeare a cuatro siglos de su desaparición física y la universalidad de sus temas y su prosa- uno de los presos/actores comenta con convicción y entusiasmo en un momento antológico del filme que “Ese Shakespeare debe venir de Nápoles como yo, esto es lo que pasa en mi barrio”- y sobre todo, el filme es un documento que debería ser obligatorio en todo centro pedagógico por la manera en que sin tener un fin propiamente didáctico y sin para nada sermonear ni diluirse en debates morales, el filme es quizás el mejor que he visto en años recientes acerca de cómo el arte puede aportar positivamente a la reivindicación del ser humano en la sociedad. En el transcurso del proceso de postproducción y estreno del filme, tres de los presos que participaron del montaje han salido en libertad y han encontrado sus caminos en el mundo de las letras, el teatro y el cine. Y es que como uno de ellos mismos comenta en lo que es quizás la escena más estremecedora de la película: “después de conocer el arte, las paredes de esta celda se me hacen pequeñas”.


     Beyond the Hills es el tercer largometraje de Christian Mungiu, y si bien no es una obra maestra como su 4 Months, 3 Weeks, 2 Days, es otro poderoso filme que lo reivindica como uno de los cineastas más importantes de su generación. En su mayoría transcurre en una especie de finca/monasterio en un pueblo remoto en las montañas de Rumania. Una joven, Voichita (Cosmina Stratan) espera en una estación de tren a una amiga de infancia, Alina (Cristina Flutur) recién llegada de Alemania que viene a pasar una temporada con ella con la esperanza de reencaminar su vida. Lo que sucede es que Voichita es monja y no quiere dejar su vida en el monasterio, que para sorpresa y algo de incomodidad de Alina, le causa felicidad. Mientras Voichita quiere con todas sus mejores intenciones ayudar a su amiga de infancia, Alina la desestabiliza cada vez más la vida en el conventos, sus rituales y su disciplina estricta. El gran acierto de Mungiu entre muchos es que más allá de trabajar a los que habitan en el monasterio como arquetipos, los humaniza y el espectador no logra identificarse plenamente con ningún personaje en específico porque en realidad, se identifica con todos. Podría parecer que una película de dos horas y media ambientada en su mayoría en un monasterio iría a ser una tortura para cualquier espectador. Pero sorpresivamente la puesta en escena de Mungiu es nada menos que letárgica, adentrándonos con profundidad inusual en la psicología de sus personajes, por más extrañas, impulsivas o despiadadas que sean sus acciones. Al igual que Tabú, es otra de esas películas a las que decididamente hay que volver a mirar más allá de su superficie. El guion de Mungiu fue premiado en el pasado festival de Cannes así como las actuaciones de Cosmina Stratan y Cristina Flutur, honores muy merecidos.


     Bella Addormentata es el filme más reciente del maestro Marco Bellocchio. Como nos tiene acostumbrados el gran cineasta, se trata de otra de sus exploraciones a la psiquis social, moral y religiosa de la Italia actual, esta vez partiendo del caso real de Eluana Englaro, una mujer que paso 17 años de su vida en estado vegetativo. La película se desarrolla durante los días de febrero de 2009 en donde el estado italiano iba a votar y a pasar veredicto acerca de si se le aplicaría la eutanasia a Eluana. Pero más que nada eso sirve de pretexto a Bellochio para contar varias historias que se encuentran en la periferia de dicho proceso: un senador (Toni Servillo) que está a punto de votar en el proceso que liberaría a Eluana o no de su estado vegetativo, su hija (Alba Rohrwacher, cara recurrente en el cine más reciente de Bellocchio) muy nerviosa y contrariada por la posible decisión de su padre, una actriz madura (Isabelle Huppert, que no necesita presentación) cuya hija también se encuentra en estado vegetativo, y una indigente (Maya Sansa) que solo quiere morir. Bellocchio cuenta sus historias con su maestría habitual, manteniéndonos tensos e interesados en todo momento y apuntando sus dardos siempre muy llenos de denuncia hacia las principales instituciones políticas y religiosas de Italia. A pesar de ser una leyenda viva del cine italiano el cineasta no está exento de controversia y cuando este filme no fue premiado en el pasado festival de Venecia no le faltaron razones para criticar al jurado de censura hacia el filme por la manera en que retrata críticamente la gestión de Silvio Berlusconi como primer ministro italiano, al cual Bellocchio nunca ha ocultado su desdén. No estamos ante una de las grandes películas de Bellocchio pero sí ante otra valiosa adición a la filmografía del mejor cineasta italiano vivo.

     Barbara de Christian Petzold, es el quinto largometraje de este destacado cineasta alemán al igual que otra excelente colaboración con su actriz fetiche Nina Hoss. El personaje titular interpretado por Hoss es una enfermera recién liberada por las fuerzas del STASI alemán, que es trasladada de Berlín- en donde trabajaba en un lujoso hospital- a un pueblito cerca del mar. La magistral actuación de Hoss de la mano con el excelente guion y puesta en escena de Petzold- quien ganó el premio de mejor dirección en el festival de Berlín 2012- nos devela poco a poco, fragmentadamente y de manera casi voyerista a un personaje que nada tiene que ver con lo que inicialmente imaginamos. Barbara va lentamente relajando su rígido exterior y adentrándonos en su psiquis, volviéndose un personaje mucho más compasivo y extrovertido. El filme no solo es un excelente estudio de personaje y un valeroso retrato de lo que probablemente fue la readaptación social de muchos prisioneros políticos y activistas alemanes, es también un retrato curioso acerca de cómo el individualismo puede devenir en un sentido más amplio y humano de comunidad, regímenes y dictámenes sociales aparte.


     Sin duda la película más esperada y aplaudida del festival lo fue Blancanieves de Pablo Berger, apenas su segundo largometraje después de su muy divertido y metacinematográfico debut del 2004, Torremolinos 73. Berger es un director claramente interesado en el metacine y en la evocación de géneros fílmicos pasados o ya prácticamente inexistentes. Blancanieves se trata de una película muda, más a la usanza de los filmes silentes europeos que al Hollywood convencional que retrata The Artist. Claro está, el cine de Guy Maddin es una referencia obligada y su influencia permea Blancanieves en cada fotograma, pero claro, siendo Maddin uno de los mejores cineastas del mundo en este caso, eso es una cosa muy positiva. Como el título y los avances dejan entrever, se trata de una adaptación del mundialmente famoso e infinitamente adaptado cuento infantil de los Hermanos Grimm, llevándolo a la España de los años 30 y resaltándole sus elementos más españoles: los toros y el flamenco. Esta vez Blancanieves (Macarena García) es hija de un corneado torero (Daniel Giménez Cacho), una cantante de flamenco (Imma Cuesta) y en vez de siete enanitos son cinco, una muy peculiar troupe de enanitos toreros y claro, la madrastra genialmente interpretada por una Maribel Verdú- a quien siempre hemos asociado con papeles más cálidos – que no tiene miedo a caer en la caricatura ni la más extrema teatralidad que requiere la interpretación de un personaje tan malvado. Si bien la línea narrativa del filme flaquea por momentos- con muchas escenas que no hacen más que marcar tiempo como para que el filme llegue a la hora y media de metraje- al final Berger remata con una potente vuelta de tuerca al tan conocido final del cuento original y sus instintos visuales por lo general nunca fallan para crear una película visualmente muy original y por mucho más osada de lo que por lo general nos tiene acostumbrados el cine comercial español- de hecho los 13 premios Goya que recibió el filme parecen ser el reclamo por la vuelta a una integridad artística que cada día más parece que la industria cinematográfica española pierde por su creciente “industrialización” en el más hollywoodense sentido de la palabra, algo que contrasta curiosamente con la actual situación económica española, pero eso es tema de otro ensayo.

¡Bravo a la Alianza Francesa de Puerto Rico por este festín! Ya hago embocadura para el año que viene.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Bela Tarr y la poética del Letargo


The Turin Horse del gran cineasta húngaro Bela Tarr, vista en Puerto Rico en la cuarta edición del Festival Internacional de Cine de San Juan, es según su propio director el último trabajo que realizará como cineasta. Además de cineasta, Tarr es filósofo- como bien hemos visto en su cine- y dice querer dedicarse de lleno a esta disciplina al ya llegar a donde "quería llegar"como cineasta. Si es así, por un lado lamentamos que esta auténtica joya cinematográfica- ganadora del Oso de Oro en el pasado Festival de Cine de Berlin- sea lo último que veamos de uno de los talentos más originales y únicos del cine de las últimas décadas y, por otro lado, una despedida más que gloriosa, pero- como esa tendencia de los verdaderos artistas a anunciar su despedida para luego incumplir su promesa- esperemos que esto de parte de Tarr sea una falsa alarma.

Son 145 minutos, 30 planos, escasos, muy escasos diálogos y una historia que puede resumirse así: a comienzos del siglo XX en un lejano rincón de la Europa del este un campesino, Ohlsdorfer (Jánoz Derzsi) y su hija (Erika Bok) se refugian de una terrible ventolera en su cabaña campestre. Además del viento, al campesino le es imposible salir porque su caballo se enferma de un mal raro que le impide moverse. En otras palabras, su vida se detiene ya que sin el caballo no puede trabajar. Así pasan una semana. Durante su estancia en la casa, la rutina es la misma: ella busca agua en un pozo y lo viste a él para salir, comen papa hervida, encienden velas para irse a dormir. Este ritmo monótono solo se interrumpe cuando al tercer día un vecino, Bernhard (Mihaly Kormos), llega hasta la cabaña para buscar una botella de Brandy y al cuarto día una cabalgata de gitanos llega a pedir agua fresca del pozo, mientras el caballo lentamente muere en el establo. Al llegar al sexto día y al irse a dormir tienen problemas encendiendo el único quinqué en la vivienda. Y el séptimo día no lo vemos.

En términos de trama esto es lo único que ocurre, sin embargo la maestría de Tarr es tal que nunca se siente como una película aburrida. Mas bien lo contrario, en cada pequeño detalle se encierra un mundo de información y un agudo conocimiento de esa condición humana que es la espera en la incertidumbre.

Bela Tarr conoce como pocos cineasta el poder de la imagen, sabe extraerle toda su profundidad, complejidad y belleza de un modo comparable al mejor Bergman o Tarkovsky- quizás los dos referentes más reconocibles en el cine de Tarr- la primera secuencia es en si una joya por sí misma. Una toma de casi 10 minutos de duración en donde presenciamos la última cabalgata del caballo antes de llegar a la cabaña donde ocurrirá la acción. El viento incesante, el rostro del hombre que no vemos, el caballo que dará su último viaje- aunque eso todavía no lo sabemos- mientras la cámara lo rodea sin cesar y la partitura musical barroca de Mihaly Vig llena la banda sonora. Esa primera toma nos reconforta algo: el cine de Bela Tarr muchas veces desafía cualquier tipo de descripción, hay que experimentarlo.

Aunque Bela Tarr es hoy por hoy uno de los cineastas más admirados y estudiados del mundo, su cine es sin duda alguna un reto para cualquiera que como nosotros, espectadores "occidentales" al fin, esté acostumbrado a un cine con más movimiento, narrativa o sustancia aparente. No me extraña que la reacción de algunos de los espectadores del filme haya sido negativa encontrándolo pretencioso y aburrido. En su cine nada es fácil y la substancia hay que buscarla, no se nos presenta de forma implícita. Es letárgica si, pero su poética reside ahí precisamente. En el cine de Bela Tarr es casi tan o más importante lo que no ocurre que lo que ocurre, y sí, mucho no ocurre en pantalla directamente- o prefiere no mostrarlo. La suya es una "poética del letargo". En Werckmeister Harmonies (2000) incluso nunca llega a mostrarnos de manera clara la "ballena" que traen al remoto pueblo donde ocurre la acción. Pero es precisamente ese evento el que "mueve" toda la acción del filme. En The Turin Horse su cámara va mas allá del naturalismo, la excelente fotografía de Fred Kelemen- en elegante blanco y negro como es usual en el cine de Tarr- es casi documental en la manera en que busca capturar hasta el más mínimo detalle; bien sea el ritual de vestirse, comer papa o la mosca que revolotea incesantemente sobre el único quinqué que los alumbra de noche. La cámara se mueve de manera invisible y parece nunca comentar directamente la acción. Cuando llega el vecino a buscar la botella de brandy, esa escena parece un gran rompimiento en la acción, sin embargo la cámara permanece tan inmóvil como siempre, limitándose a capturar el rostro del hombre que le habla directamente. Lo que produce el rompimiento es, claro está, la palabra. El hecho de que es el momento verbalmente más pesado del filme. La palabra interrumpe de manera incluso violenta el letargo. Ya en la segunda ocasión en que parece que el espectador tendrá alguna válvula de escape al letargo, la hija despacha rápidamente a los gitanos que vienen en búsqueda de agua fresca y que de seguro hubiesen vuelto a irrumpir de manera violenta la "no acción", por otro lado el caballo, el único contacto con el mundo real del campesino permanece inmóvil, enfermo y en su propio letargo.

En el prólogo leemos en pantalla acerca del incidente en que un campesino le pegó incesantemente a su caballo en Turin, Italia, a finales del siglo XIX. Dicho incidente fue presenciado por el filósofo Friederich Nietzche quien quedó traumatizado y pasó la última década de su vida sin decir palabra alguna. ¿Será este el caballo y Ohldolser el campesino cruel? Tarr nunca lo resuelve y en realidad no importa. Tan inmóvil y enfermo está Ohldolser como su viejo caballo.

Son vidas circulares, sin aparente desenlace y ese placer "voyeurístico" que es ser espectador de cine se agudiza, ese detalle, esa circularidad la conocemos nosotros espectadores y Tarr, director, ellos ni se dan cuenta porque la viven, la aceptan. Esa naturaleza voyeurística del cine es algo que quizás por la manera en que algunos hemos hecho del séptimo arte parte tan integral de nuestras vidas no nos detenemos a pensarla muy a menudo. Pero en este filme Tarr me hizo muy consciente de ello. En su crítica en Slant Magazine, Andrew Schenker señala que: "la vida de estos personajes es insignificante pero mientras se devela en pantalla lo es todo, si alguna vez un filme pudo presumir de ser tan profundo en su banalidad ese es The Turin Horse". Totalmente de acuerdo, aquí observar es la clave.

Una película como The Turin Horse nunca llegará a nuestros cines locales, ni probablemente a muchas de las salas de cine del mundo. Fue incluso mi primera experiencia viendo un filme de Tarr en pantalla grande. En cualquier formato que puedan procuren verla. La experiencia del cine de Bela Tarr es una que cualquier espectador amante del gran cine debe de experimentar. Y si al verla es difícil describirla pero fácil sentirla en las entrañas, ha logrado su cometido. No encontramos en su cine grandes respuestas, pero el gran filósofo del cine actual sí nos plantea y rodea de grandes preguntas.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Festival de Cine Internacional de San Juan 2011

Del 5 al 12 de octubre se celebró el Festival de Cine Internacional de San Juan, y gracias a la diligencia de nuestro querido Enrique González y a los organizadores del festival, Chemi y Charlie obtuvieron licencia para cubrir y criticar.

De las que vio Charlie:

La vida de los peces (Matías Bize, Chile 2010) Andrés, quien lleva tiempo viviendo en Alemania regresa a Chile con el pretexto de hacer las paces y darle final al capítulo de su juventud. Toda la acción del filme ocurre en la casa donde se celebra el cumpleaños de uno de sus antiguos compañeros. El viaje del personaje principal a través de sus memorias, es decir, de los amigos a quienes se encuentra en esta fiesta, a quienes no ha visto por una década, resulta tan ameno e intrascendente como hermoso. No obstante, exeunt la ex novia, y todo se va bastante a la mierda. Todos los mejores momentos se vuelven entonces un pretexto para desarrollar la historia de amor imposible: ella, casada y con dos niñas, y él – quien más parece resentir la situación – permanecerá solo, guapo, soltero y viajando todo el mundo. Vaya tragedia.

Osada en su intento de lograr una narrativa que transcurre casi en tiempo real y en una sola locación, esta entrega de Bize deja mucho que desear. El filme tiene momentos muy auténticos, raramente encontrados en un cine que cuenta con los valores de producción y con un diseño de arte y cinematografía respectivamente exquisitos. Pero ya a ¾ de cinta, el filme se va cayendo, al punto de que Bize no puede aguantarse las ganas de realizar otra banda sonora en crescendo que le grita al espectador: ¡ESTO ES IMPORTANTE!

Lo mismo con la “metáfora” que “sugiere” el título… Ver un tanque repleto de peces en primer plano cuchucientas sesenta y dos veces, y encima, encuadrando la cara de cada uno de los personajes que van merodeando la casa como – ¡adivinen! – peces en una pecera, resulta tan redundante como lo que acabo de escribir. De actuaciones y dirección respectivamente loables, a la cinta se la come el guión y la banda sonora. (La kinokamarada Zambrano había ya escrito una reseña mucho más articulada y positiva en esta bitácora, así que para el que esté interesado puede visitarla.)

Circumstance (Maryam Kershavaraz, Iran 2011) Según la promoción, el filme va sobre dos jóvenes iraníes lesbianas enamoradas, quienes –era de esperarse – nadan en contra de la corriente social de su ultraconservador país (representado en el hermano de una de éstas) para salvaguardar su amor a toda costa. El filme, en cambio, trata más bien sobre dos jóvenes (y varios más) que van a contrapelo del tejido social, claro está, pero cuyo lesbianismo más parece en principio responder a un impulso erótico que a uno amoroso. Esto no necesariamente es un problema, salvo por el hecho de que el filme pierde por momentos el derrotero de su propia propuesta.

Cuando Circumstance muestra las peripecias por las que tienen que atravesar las jóvenes para simplemente pasarla “bien”, y a la vez muestra toda la economía subterránea que genera la política de toque de queda al cual están expuestas, sirve las veces de filme contestatario. De hecho, un momento interesante del entramado es cuando varios de los personajes del filme graban el doblaje de la película Milk de Gus Van Sant. Cinta que sería claramente víctima de la censura, dado los valores liberales que pudiese promover. No obstante cuando la representación de la relación entre la pareja de bellísimas jóvenes lesbianas iraníes replica aquella estética de cualquier video musical que quiera emular la fantasía chata de cualquier joven púber, el filme contestatario muere y nace el recalcitrante: aquel que reivindica la idea de que estas dos mujeres juntas son el colmo de la decadencia.

Como narrativa que extrapola la vorágine social al seno familiar Circumstance por momentos resulta interesante. Aunque simula ser un reto al régimen islámico de Iran, salvo por dos o tres particularidades, Circumstance es una historia que muy bien podría darse también en EE.UU. Por eso, como entrega iraní parece el tipo de película que al premio Oscar le gusta pensar como cine extranjero: uno que exhiba una idea muy mercadeable de lo subversivo, pero que, en última instancia, sea un reflejo de hasta dónde puede llegar Hollywood.

Chicogrande (Felipe Cazals, México 2010) Una producción de gran envergadura. De la selección latinoamericana que pude ver en el festival, lo mejor. Chicogrande sitúa a Cazals firmemente en la tradición de los grandes del western, junto con John Ford, Peckinpah, y más recientemente, los Cohen con su True Grit y Andrew Dominik con The Assasination of Jesse James by the Coward Robert Ford. Lamentable que tal filme pase tan por desapercibido. Mucho se debe a que tenga que etiquetársele con un género, cosa que resulta a veces tan bueno como tan malo porque mientras garantiza ciertos fanáticos, ahuyenta a otros.

Un género como el western siempre es considerado, junto al detectivesco, como serie B, tiende a constreñir al espectador a ciertas convenciones. Quedó demostrado cuando en 2005 estrenó Brokeback Mountain cuya equívoca promoción en los medios le puso el sello de película de vaqueros gays. En efecto la película trata sobre unos vaqueros, pero no es un western. De la misma manera podría decirse, Chicogrande es un western porque inevitablemente este será el contexto de cualquier historia que tenga que ver con Pancho Villa.

En fin, un gran filme. Regia fotografía, regio guión, excelente dirección. Seguramente lo que le mereció el premio de la Competencia Caribeña.

Once Upon a Time in Anatolia (Nuri Bilge Ceylan, 2011) Otra película escondida; o varias. No hay mucho que decir sobre la obra de Ceylan salvo que es varias películas amontonadas en una; y no porque se entrecrucen formatos, como en Il Viaggio, pues en este sentido su propuesta es bastante uniforme en estilo. No es uniforme en tono, sin embargo. Para este servidor, la primera parte de la película – es decir, la primera de tres extendidísimas horas que dura –, circunscrita al merodeo insulso e intrascendente de unos policías, un fiscal, un médico y un criminal esposado tras la búsqueda de un cadáver, es la gran película aquí. Lo demás, puro exceso.

Sin embargo, es una de esos filmes cuyo final solapa muchos bemoles que minan tan insufrible obra; de seguro, el final también le salvaguardó el juicio que le mereció el honor cannesiano (Segundo premio del jurado 2011). Y sí, la conclusión, o más bien el plano que le da cierre el filme, alcanza una solemnidad que anteriormente brillaba por su ausencia. Para este servidor, no obstante, la primera película (la primera hora), cundida de diálogos banales y de envestidura absurdista, es el cuento de Anatolia más interesante.

The Turin Horse (Béla Tarr, Hungría 2010)
Este milagro merece su propia reseña. (Chemi, bótate.)

The Piano in a Factory (Zhang Meng, China 2010) Chen procura mantener la custodia de su hija, luego de que su ahora ex esposa fríamente le pidiera el divorcio. La niña exige un piano. Chen, quien a duras penas puede mantenerse económicamente, se las ingenia para compilar un grupo de trabajadores que le ayudarán a construir un piano de metal, ya que es el material que más económico le saldrá.

De historia tan sencilla como hermosa, este filme bien pudiese tener el nombre de Aki Kaurismaki en lugar del de Meng en el puesto de director. Esto, aclaro, es un elogio. No debe de ser casualidad que uno de los filmes más conocidos de Kaurismaki, The Match Factory Girl, también se desarrolle en el contexto de una fábrica, como bien revela su título. Meng hilvana de manera muy orgánica la comicidad de la situación y de la idiosincrasia de sus personajes con una reflexión sobre la solidaridad del trabajo en colectivo que nunca raya en el panfleto.

Claro, debo señalar que la película sobrepasó las dos horas porque la proyección se jodió varias veces. Así que en la Isla vimos una versión re-editada por el Godard de los sesenta.

Cuatro puertorriqueñas:
Il Viaggio (Juarbe e Idalia Pérez Garay, Puerto Rico 2011) La exuberancia definitivamente tiene límites. La “documedia surrealista” Il Viaggio, también denominada por sus directores película panfletaria en pro de las artes, es mucho menos Fellini y más Lynch de lo que quiere ser (aunque la comparación se la tomé prestada a Chemi, la impresión final me la atribuyo completamente). Las ocasiones en que pude seguir mirando la pantalla imaginaba que esto se hubiese prestado más al formato de miniserie en cualquier canal de televisión local. Pero bueno, en ese sentido, la película, víctima de la misma estocada cultural que denuncia, exhibe sus imperfecciones sin miramientos, como llagas al descubierto.

Under My Nails (Arí Maniel Cruz) Solimar, atormentada por un pasado caribeño, trabaja en un salón de uñas en Nueva York y prefiere hablar inglés para reprimir ese odioso episodio caribeño en el cual la única figura masculina hasta el momento, su padre, la abandonó al garete. Su único amigo/a es Amalia, aunque hombre, para los efectos es otra mujer, y Solimar insiste en referírsele así. Acto seguido se muda una mujer haitiana y su novio dominicano y macharrán al apartamento contiguo, y con ellos la madre de éste último… La pareja, objeto del deseo voyerista de Solimar, se la pasa entre pelea y folladera, sádicamente difuminando la línea fina entre ambos actos.

Solimar ve un lagartijo, que se supone que simboliza algo, y se caga del miedo. Por si nos cabe duda hay todo un doble sentido con el lagartijo y el personaje de Roberto que no deja mucho a la imaginación.

Muy a pesar de lo propuesto, la película poco tiene que ver con la confluencia de culturas caribeñas vis á vis el trasfondo de la ciudad que los une y/o desune. Esto es más bien el contexto donde se da la historia. Si se viera de la manera contraria, entonces el filme no hace sino reivindicar muchos estereotipos latinoamericanos, comenzando por la muy caricaturesca caracterización de la madre del mama’s boy macharrán. Y no digo que no exista este prototipo de matriarca, y que quizá en una película como Nueba Yol 4 esto no tenga su gracia; pero, ciertamente desentona con el resto de los personajes y actuaciones de Under My Nails.

Excelente fotografía y producción, ni el guión ni el personaje principal saben para donde ir.

An American in Puerto Rico (José Sepúlveda, Puerto Rico 2011) Amena comedia que, desde la candidez que exhibe su título, decide explotar el repertorio de chistes sobre gringos perdidos en Puerto Rico. An American in Puerto Rico no busca marcar un hito en la filmografía local. Esta humildad resulta ser bastante refrescante. Y aunque por momentos peca de explicar en demasía su moraleja, el entramado narrativo y la muy auténtica caracterización del personaje principal insertan al filme en un terreno demasiado familiar como para no dejarse llevar y reírse de lo que siguen siendo muchos de nuestros sellos folclóricos. Además, contiene una secuencia documental sobre el origen de la parranda que resulta demasiada graciosa.

Yesterday is Here (Alfonso Lozada, Puerto Rico/Estados Unidos 2011) Fotografiada en blanco y negro, Yesterday is Here es la opera prima del joven director Alfonso Lozada, y la bastarda sobrina segunda de Jim Jarmush. El filme cuenta con una fotografía en su mayoría acertada. Hay varios planos que aportan de manera efectiva a la ambientación de la narrativa.

Mas, donde Jarmush triunfa, dotando a sus historias sencillas de un aura “fabuloso” (en la acepción más fantástica de la palabra), Lozada palidece. El resultado no es, entonces, el de una fábula a lo Down by Law, sino, precisamente por carecer de este elemento, el de una historia súper implausible.

Aquí el tono y la forma son los adecuados; el cuento eeeeeeh...

Este escrito es la primera de otra parte…