Mostrando entradas con la etiqueta Cine Independiente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cine Independiente. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de marzo de 2011

Palabras dispersas sobre Dogtooth…

Director: Giorgos Lanthimos; guión: Efthymis Filippou, Giorgos Lanthimos; actores: Christos Stergioglou, Michele Valley and Aggeliki Papoulia


Desde que el mundo es cine (o viceversa), el llamado séptimo arte ha tenido históricamente, entre sus rehenes preferidos, una particular proclividad para mofarse de las discretas burguesías. La masificada fascinación con las imágenes en movimiento incluso llegaron, en un momento dado, a ser producto de aversión por parte de algunos círculos intelectuales, como lo demuestran algunos miembros del llamado Bloomsbury Group u otros de la Escuela de Frankfurt, preocupados algunos porque, por un lado, el cine pudiese rebajar la alcurnia del arte, o por otro lado, que pudiese volverse el más vil instrumento ideológico. El tiempo no tan sólo ha confirmado estas aseveraciones, sino que ha producido además una estirpe de cine predicado precisamente sobre estos preceptos para, en ocasiones, morderse la propia cola.


Una ecuación algo así como: caminando la cuerda floja de las certezas o discreciones burguesas – las alertas/ miedos antes mencionadas, por ejemplo – me valgo de un instrumento, el filme, para desmontar todo eso en lo que tu mundo depende – es lo que está en juego. Esta gramática de cine contestatario ciertamente ha pervivido, de la mano de Buñuel, en un tono cínico-sátiro hasta en comedias de Hollywood. No obstante, de esta estirpe hay otro cine que de un tiempo para acá asoma su cabeza para mirar también “comicamente” a la burguesía. En Pasolini, Miike (particularmente Visitor Q), Haneke y en muchos de los filmes más entrópicos de los Cohen, se localiza desde el lugar de lo ominoso, el horror intrínseco al animal humano, y, créanlo o no, con una invitación abierta a reírnos de él.


Girogos Lanthimos ofrece una de las más recientes aportaciones a este espectro, su filme es Dogtooth.


Tres hermanos adultos – un hombre y dos mujeres, fácilmente de entre 20 a la treintena de años de edad – viven como niños bajo la tutela de un padre (y una madre) que los cría dentro de los cuarteles de una casa y su portón eléctrico, con la certeza de que si cruzan estos linderos morirán ahogados o asesinado por algún gato. Una fórmula similar a la errática pero no obstante también impresionante Bad Boy Bubby (dir. Rolf de Heer, 1993), cuya trama gira en torno a la salida al mundo de un viejo/niño quien había sido criado encerrado por su madre por más de treinta años. Dogtooth, en cambio, supera la fórmula para otorgar uno de los más ambiguos retratos del impulso totalitarista y/o de control del animal humano.


Sería fácil tildar estas narrativas de absurdas. No obstante, al ubicar al espectador dentro de los portones, aún con la distancia y frialdad que caracteriza la puesta en escena, Dogtooth logra posicionarnos dentro de las coordenadas de la fantasía que articula la realidad de estos personajes. Así, el ejercicio mental no resulta tan descabellado, cuando entendemos que los personajes, sujetos a un proyecto absolutista del padre, del cual nunca se está muy claro, son esclavos ni siquiera de la violencia más crasa, sino del aparato ideológico-supersticioso más efectivo. En una escena el padre (y la madre) traducen caprichosamente la canción Fly Me to the Moon de Frank Sinatra; mientras que en otra los niños (adultos) ni osan acercarse a la línea imaginaria (el riel de un portón eléctrico) que divide el lugar seguro – los linderos del hogar – del lugar tenebroso del Afuera, que garantiza la muerte de quien salga, salvo la del padre.


Aunque por su fría puesta en escena y la presencia constante de tensión remite mucho a Michael Haneke, Lanthimos no necesariamente propone trazar una genealogía de lo monstruoso o de la barbarie en lo humano o en la civilización. En este sentido, Lanthimos, al igual que el padre de la película, no ofrece un cuadro claro de su proyecto, es decir, de la finalidad del mismo. Se le presta más atención al proceso que al factor histórico o social – aunque ciertamente hay mucho espacio para extrapolar posibles ambientes de supervivencia a un nivel rudimentario de sociedad: desde el manejo del lenguaje, la maduración sexual (si alguna) y el ir paulatinamente destapando el vacío de poder del padre. Podría decirse que en lo que White Ribbon traza un cierto malestar de la cultura en una comunidad de Austria que, pudiera inferirse, dio pie a la hecatombe fascista del siglo 20 – ciertamente una formula reductiva –, Dogtooth vuelve la mirada a un estado casi pre-edipal del aparato social. Una cosa une a ambas, es que en la medula del asunto son niños los que protagonizan y/o son víctimas y potenciales victimarios del horror y la opresión que sufren.


Con un ritmo pausado, el filme va mostrando nuevos panoramas en donde se le da otra vuelta a la tuerca: en donde se aumenta el nivel de dificultad para que el padre pueda mantener total control de lo que naturalmente son seres curiosos. La introducción de una empleada a quien el padre le paga para que tenga relaciones sexuales con el varón de la casa, cual visitante ‘q’, toma las funciones de un agente desestabilizador que introduce nuevos conocimiento léxicos (la palabra ‘zombie’, por ejemplo) y sexuales, entre otros, que irán socavando la autoridad del padre en crescendo. Aquí nuevamente en concordancia con Haneke, la violencia va poco a poco revelándose más física y frontal, ya no tan sólo como un aparato ideológico que siempre estuvo subyacente a las circunstancias. En lo que pudiese ser quizá la escena más violenta (y eso es mucho decir), la hija mayor atentará en contra de su ‘diente de perro’, elemento cuya pérdida, según el padre, determina que finalmente se puede salir de los linderos del hogar.


¿Será que el padre, en su ensayo de realizar la fantasía edénica, casi utópica, de un mundo perfecto y de protección para sus hijos, exento de toda perversión y todo “mal”, en consecuencia terminó por confirmar la père-version intrínseca a esta fantasía, el verdadero no-lugar ya implícito en la palabra utopía (u-topos)?


Ah, ¿ya lo mencioné? Tiene escenas muy graciosas… creo.

sábado, 29 de enero de 2011

Gregg Araki, Kaboom y el teen cinema


La cultura cinematográfica estadounidense tiene una fascinación con las historias de adolescentes. Cada año decenas de películas se producen en las que grupos de jovencitos tienen todo tipo de descabelladas aventuras. Una de las razones obvias para esta obsesión es el intento de configurar nuevos mercados entre un grupo de edad que recién empieza a adquirir poder de adquisición y que según se configure, será una fuerza económica importante una vez lleguen a la adultez. Otra razón relevante es que la adolescencia es celebrada e idealizada en esta imaginería colectiva como una etapa de inconmensurables libertades, reducidas responsabilidades, deliciosa inmadurez, cuerpos lustrosos y abundantes pericias sexuales. Hollywood trata de decir que en la adolescencia prevalece la simpleza y el goce. Incluso cuando este cine retrata a los que no encajan dentro de la norma y las tendencias, por las razones que sean, suele reivindicarlos ofreciéndoles momentos de heroicidad sacrificada. El dolor y el rechazo los dignifica. La rebeldía los lleva a entender la vida adulta y de una forma u otra reciben su recompensa con finales felices.

Cierto que son pocos, pero hay directores que se salen de este discurso que equipara la adolescencia con la diversión superficial. Se puede mencionar entre ellos a Larry Clark, Gus Vant Sant, Harmony Korine y el que me compete hoy Gregg Araki. Estos directores han creado una obra que vuelve recurrentemente a examinar la temprana juventud. Sin embargo la manera de retratar esta edad es presentando la problemática que implica esa primera toma de conciencia de pertenecer a una cultura de la violencia; de la pobreza económica y moral; de la celebración narcótica, de la sexualidad enajenante y enfermiza; de la intolerancia a lo diferente y a la expresión creativa. Estas películas abordan los conflictos existenciales de los adolescentes no como algo pasajero y liviano, sino como el verdadero umbral al malestar que provocan nuestras sociedades.

Gregg Araki como cineasta es fiel a este tema. The Doom Generation, Nowhere o Mysterious Skin, son referencias necesarias dentro de este enfoque que hablo (sobretodo desde el ámbito sexual). Araki acaba de estrenar película, se llama Kaboom y como ya es habitual, regresa a contar una historia de teenagers.


El jueves 27 de enero se estreno esta película en New York con el director y el actor principal, Thomas Dekker, presentes para un conversatorio con la audiencia en las salas del Brooklyn Academy Of Music. Kaboom es un filme mucho más ligero y divertido que los anteriores. Atraviesa géneros pasando por la comedia sexual, el sci-fi y el thriller psicológico. Sin delatar demasiado, la película sigue a un prepa universitario y su círculo de amigos y amantes, mientras se abandonan a los placeres del sexo. El relato se complica cuando el protagonista Smith, empieza a tener visiones de un culto de personas con máscaras de animales que asesinan a una peliroja. Sueño, fantasía y alucinaciones se mezclan en la narrativa en la mejor tradición surrealista con un final abiertamente apocalíptico.


Sin ser demasiado profunda (Araki hace películas Pop-ominosas), Kaboom no se entrega por completo a la superficialidad. Su visión extraña tiene mucho de comentario político-sexual. Araki se rebela contra las normas tanto hetero-normativas como homosexuales. Estos jóvenes son pluri-sexuales, tanto en sus preferencias como en la cantidad de gente con quien se acuestan. El director presenta una nueva generación, ya no tan condenada, que se resiste a las etiquetas y que vive una sexualidad muy libre, espontánea e incluso sobrenatural. En este mundo particular y fantasioso, por supuesto, las represiones no dominan a los personajes y tanto la energía sexual como la psíquica van de la mano correspondiéndose y alimentándose. Aunque la premisa es la de un sexo sin mayores consecuencias, una lectura posible es que las visiones sádicas que empieza a sufrir Smith son en realidad la metáfora de todos los factores internos y externos que destruyen esa utopía sexual. El debate se podría abrir.

Lamentablemente estos temas o análisis quedaron fuera del conversatorio que siguió a la proyección. Las preguntas expuestas rayaron en lo banal. Una curiosidad superflua dominó al público e incluso al cineasta para con su propio trabajo. Quizás por la frecuencia y el fácil acceso a estos eventos en NYC, parte del público ha perdido la conciencia de aprovechar estos foros como momentos de aprendizaje y de transmisión de ideas. Rescato de la conversación, sin embargo, el momento en que Araki defendió la escritura de historias cinematográficas que superen las restricciones de géneros específicos, o de una visión cerrada de la “realidad” y en su caso, de la juventud. Esta apuesta a guiones que se desenvuelvan libremente según la imaginación del artista es una de las premisas principales del cine independiente y aunque parece obvio resulta importante reiterar sobre ello.

sábado, 13 de marzo de 2010

Enrique -2-, The Hurt Locker -0-

Al menos no soy el único que opina así sobre la película The Hurt Locker. He aquí otro artículo que dice algo parecido pero con un tono mucho más acalorado.

The Hurt Locker Oscar Win Is a Prize For American Hubris
http://www.alternet.org/media/145984

martes, 9 de marzo de 2010

Dile no al conservadurismo de Hollywood

Una de las cosas que más me molesta del cine de Hollywood es su conservadurismo, detalle por el cual me opongo a ver cualquier película de guerra (en su mayoría sobre la Alemania nazi o Irak, esa es la moda hoy) que haya salido de estos estudios. Este conservadurismo sobresale, usualmente, con la idolatría hacia el ejercito estadounidense en las épicas de guerra o el excesivo patriotismo en las películas de superhéroes (y para adolescentes) tales como Spiderman, Transformers, o Iron Man, entre muchas otras.

En las primeras, ese espíritu conservador reclama el reconocimiento de un héroe épico con el cual debemos simpatizar y sentir su sufrimiento y sacrificio. Debería existir, por cierto, una señal al final de este tipo de películas para que el público se levante y aplauda. Así el apoyo masivo sería más concreto y visible. En las de superhéroes, por otro lado, se repite este homenaje al personaje del héroe (que en este caso tiene superpoderes) y además de eso se presenta al ejército norteamericano en un segundo plano defendiéndonos ya sea de una amenaza sobrenatural, como en Transformers y Spiderman, o de sujetos terroristas, como en Iron Man, etc. Y he aquí el segundo problema que tengo con estas películas: ¿Por qué será que siempre la amenaza va hacia Estados Unidos y nunca (o casi nunca) de EU hacia afuera? ¿No es ésta una manera hiperconservadora de venderle al mundo una imagen de lo bueno (o sea EU) vs lo malo (o sea el resto del mundo y del universo)? Definitivamente. Por eso hay que decirle no al conservadurismo de Hollywood.

Ahora bien, sé que esta ideología conservadora no es cosa nueva y que tampoco es un fenómeno exclusivo de Hollywood. Lo menciono hoy porque en mi opinión, el cine independiente en EU a adoptado varias de estas visiones impuestas por Hollywood. El ejemplo de ello lo es la recién galardonada "The Hurt Locker" (2008) de Kathryn Bigelow. Aunque esta película fue producida de manera independiente y con un bajo presupuesto (15 millones), la misma cumple con muchas de las espectativas y "requisitos" que una película de guerra producida por Hollywood tendría. Esta aseveración contradice lo que muchos críticos han dicho de la película al catalogarla como "apolítica". Según la crítica, esto precisamente es lo que ha atraído al público. Pero en mis ojos la película no es nada neutral. Es, más bien, un ejemplo distinto del cine conservador en EU.

Estoy de acuerdo con la crítica cuando dice que "The Hurt Locker" nos presenta otra cara de la guerra en Irak. Creo que es cierto que la película se enfoca y se preocupa más por la vida de los personajes que por la violencia excesiva o el espectáculo de la guerra. Pero al final, el protagonista Sergeant William James (Jeremy Renner) sigue siendo el típico héroe épico tan alabado por Hollywood. Su función, de nuevo, es presentar un ídolo con el cual nos podemos identificar y al cual le debemos aplaudir sus logros. Por eso es que su figura en la película simboliza el espíritu conservador. Sin embargo, algunos críticos han dicho que este personaje es todo lo contrario ya que representa un psicópata obsesionado con la guerra. Pero para mí no lo es. La representación no es crítica ni cuestiona el papel de los soldados en la guerra. Es más bien un ejemplo más.

El epígrafe del principio "war is a drug" también sugiere que la película cuestionará la función de la guerra en nuestros días. Pero a mi modo de ver, no lo hace. La metáfora de la droga no se lee como algo nocivo y perjudicial, como la cita sugiere, sino que se interpreta como la adrenalina generada en el momento de peligro para desactivar las bombas. El personaje principal sacrifica su vida precisamente porque está adicto a esta adrenalina.

Otro ejemplo del carácter conservador de la película es el final sumamente parecido a un anuncio de reclutamiento del ejército de EU. Éste es el punto máximo de alabanza a las fuerzas armadas. Utilizando la misma estética, la misma composición y el mismo escenario, la película termina con el regreso voluntario del protagonista a su función en el ejército. El monólogo interno del protagonista remplaza el lema "be all that you can be" y vemos al personaje dirigiéndose a desactivar otra bomba. De esta forma, abandona a su familia para seguir luchando por su país y el excesivo patriotismo se vuelve insopotable. Ahora bien, no veo ni chispa de parodia en esta escena. El calco podría convertirse en una burla a este tipo de anuncios pero como aparece con un tono sumamente serio lo tomo de manera literal.

Por tales razones no puedo aplaudir los premios que ha recibido la película en la noche de los Óscares. Para ello, tendría que enfocarme en la forma en que fue hecha la película (como en el caso de Avatar) y pasar por desapercibido el contenido. Durante la ceremonia, la misma directora confirmó mi percepción en los agradecimientos al pedirnos que recordáramos a las tropas en Irak. Como el bumper sticker en miles de carros republicanos lo que le faltaba decir era "Support our troops." Ahora tendré que hacer yo uno nuevo contestatario que diga "Abandonemos a Hollywood".