Mostrando entradas con la etiqueta Cine Francés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cine Francés. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de abril de 2013

Resumen de las entradas en CineCero (enero-marzo de 2013)

RESUMEN

miércoles, 27 de marzo de 2013

Un estimulante paseo continental

     La cuarta edición del festival de cine europeo “Hecho en Europa”, organizado por la Alianza Francesa, fue sin duda la más exitosa de las que han orquestado hasta ahora. Dando inicio en 2010 como un festival de cine francés, a partir del año siguiente fue expandiéndose a un festival con una selección más amplia que abarca todo el continente europeo...


miércoles, 20 de marzo de 2013


"Llamémosle 'autenticidad'": Entrevista a Andreas Dresen - Segunda parte


CC: El nombre de tu compañía de producción nos recuerda la de François Truffaut, “Les Films du Carrosse”, cuyo nombre rinde homenaje a Jean Renoir. La película de Renoir, Le Carrosse d'or, retrata a una compañía de teatro que viaja a América Latina donde enfrenta problemas con su arte y sus patrocinadores. ¿Esa fue la inspiración para tu compañía?

AD: Bueno, conozco la compañía de Truffaut porque soy fanático de sus películas. Me encanta su manera de retratar a las personas y de narrar una historia. Pero él no me sirvió de inspiración. Realmente, estaba buscando un nombre que sonara interesante y que tuviera un contenido político bajo la superficie. 

miércoles, 13 de marzo de 2013


La ficción del documento


La cita era para las 8:00pm y el studio de Sofía Gallisá en Fort Green, Brooklyn, empezó a llenarse de amigos puertorriqueños. Eramos cerca de diez. Habíamos sido convocados por la cineasta y profesora, Lynne Sachs. Lynne quería saber nuestras historias de cama, grabarlas y estudiarlas. Sofía, su colaboradora, confiaba en nuestro poder narrativo y extrañezas, de ahí la invitación... 


miércoles, 6 de marzo de 2013


Debut de Cinecero en Televisión


Cinecero debutó en la televisión puertorriqueña el pasado lunes 25 de febrero. El camarada José Emilio "Chemi" González estuvo en el programa Juntos y Revueltos hablando sobre los Óscares...


miércoles, 27 de febrero de 2013


¿Qué significa un Oscar?


Significa muchas cosas, claro. ¿Quién no ha soñado con la estatuilla? Es un galardón tan excitante como el chocolate dorado de Willy Wonka, sin las calorías y con efectos secundarios de otra naturaleza que la nutritiva...


miércoles, 20 de febrero de 2013


Un héroe sencillo: La vida útil


De cuando en cuando, surcan el cielo cinematográfico pequeñas grandes joyas llegadas desde el Uruguay: Obras como 25 watts, Whisky y Gigante (la mayoría del clan Epstein – Stoll). Llegan del sur para construirnos una imagen melancólica y sencilla de este país. La vida útil, de Federico Veiroj, nos regala otra imagen de lo que puede ser el uruguayo, a partir de una historia sencilla y desnuda, muy próxima a todos los amantes del cine...


miércoles, 13 de febrero de 2013


Por una nueva militancia: El estudiante de Santiago Mitre


La primera vez que vi El estudiante (2011) de Santiago Mitre fue en una función de noche en la Sala Leopoldo Lugones en el décimo piso del Teatro San Martín. La Lugones se inauguró en 1967, y parece que no ha cambiado nada desde entonces. El piso cubierto de alfombra roja que simula terciopelo, las filas de butacas de vinilo con reposabrazos en madera, la luz tenue que cubre todo con una leve pátina de misterio, en fin, es un espacio acogedor para cualquiera de esos bichos raros que llaman cinéfilos...

miércoles, 6 de febrero de 2013


El Cinema Novo desde el compromiso popular: Rocha revisited


“Donde haya un cineasta, de cualquier edad o de cualquier procedencia, listo para poner su cine o su profesionalidad al servicio de las causas importantes de su tiempo, ahí habrá un germen del Cinema Novo”. Estas son las palabras que Glauber Rocha utilizó en su manifiesto Uma estêtica da fome, publicado en 1965, para definir el Cinema Novo, un movimiento del que fue su principal impulsor y teórico, su cineasta más aclamado internacionalmente, y que ha llegado a confundirse con su propia persona... 


miércoles, 30 de enero de 2013


Cine y riqueza


En estos días en que revaluamos el cine visto en el último año, me gustaría destacar dos filmes que han coincidido en varias listas de publicaciones importantes y se han mantenido en el apartado de películas a las que les he dedicado pensamiento frecuente debido a su problemática: Cosmopolis de David Cronenberg y Holy Motorsde Leos Carax...

miércoles, 23 de enero de 2013


Sueños recurrentes y el pequeño fuego en el centro de tu corazón

Desde que tengo uso de la memoria, el cine, la música y la literatura han sido mis herramientas de preferencia en la búsqueda de respuestas para las preguntas que me hago, producto de mis permanentes cuestionamientos existenciales. Supongo que tengo que aceptar que mi afán por ver películas que traten de  alguna forma u otra sobre mis propios dilemas paranoicos y cuestionamientos socio-políticos posiblemente sea mi forma preferida de escape psicológico del hecho de que vivo en una sociedad irremediablemente jodida, por la que hay muy poco que un sólo individuo puede hacer...

miércoles, 16 de enero de 2013


Ignacio y Don Ángel

El pasado 4 de enero ya se empañaba de tristeza el nuevo año al enterarnos de la muerte de Don Ángel F. Rivera, un verdadero baluarte de las imágenes en movimiento en Puerto Rico. Cineasta, director de teatro y televisión, Don Ángel era un comprometido de las artes y su desarrollo en Puerto Rico. Creador y mantenedor por varias décadas del Archivo de Imágenes en Movimiento de la Corporación de Puerto Rico para la Difusión Publica (WIPR) con la cual colaboró activamente hasta el momento de su muerte a los 90 años... 

miércoles, 27 de marzo de 2013

Un estimulante paseo continental

     La cuarta edición del festival de cine europeo “Hecho en Europa”, organizado por la Alianza Francesa, fue sin duda la más exitosa de las que han orquestado hasta ahora. Dando inicio en 2010 como un festival de cine francés, a partir del año siguiente fue expandiéndose a un festival con una selección más amplia que abarca todo el continente europeo. Decisión sabia que no dudo fuera provocada por el gran entusiasmo de un público cinéfilo ávido de ver lo más reciente y reconocido del cine europeo en pantalla grande- aunque ahora gracias al internet y a Netflix, Hulu, Comunidad Zoom y otros servicios de “streaming” cualquier cinéfilo esta mucho más cerca de su cine predilecto que antes, no hay que olvidar que el cine nació y sigue siendo pensado para la pantalla grande, y así lo preferimos recibir por vez primera muchos cinéfilos y en Puerto Rico, lo que no traiga Caribbean Cinemas prácticamente no lo vemos- este año se fue por encima de las ediciones anteriores por varias razones, por el número de títulos- 30 largometrajes- lo abarcador de los países en muestra- además de los omnipresentes España, Francia, Italia e Inglaterra, también se vio cine de Portugal, Republica Checa, Rumania, Suiza y Austria, entre otros- y la cantidad de realizadores representados en la muestra, desde veteranos como los Hermanos Taviani, Marco Bellocchio y Ken Loach, hasta muchos de los más vibrantes talentos del cine actual como Miguel Gomes, Christian Petzold, Christian Mungiu, Ursula Meier y Pablo Berger.  Escribo en este articulo sobre mis 7 favoritas del festival.


     El mejor filme de los 10 que vi, al menos para quien esto escribe, fue Reality, séptimo largometraje del italiano Matteo Garrone y el primero desde su consagración internacional lograda con su obra maestra Gomorrah. Al igual que ese filme, Reality fue premiada con el gran premio del jurado en la pasada edición del festival de Cannes. Garrone sigue interesado en la clase obrera napolitana que ha sido punto focal de su obra como cineasta, al igual que esos planos secuencias fluidos y relajados que Garrone todavía utiliza magistralmente y valientemente, cuando el plano secuencia en el cine parece que cada día con mayor rapidez queda relegado al olvido. Por consecuencia, el espectador siente la sensación de que flota y se transporta con ligereza y libertad de una secuencia a otra. El gran rompimiento con Gomorrah se da en el cambio de tono del filme. Reality es una comedia surrealista, una sátira mordaz a la “realidad” contemporánea. Garrone no duda ni por un momento en poblar su pantalla de personajes tan comunes y corrientes que resultan excéntricos por demás. Personajes reales de la Nápoles mas profunda que con su naturalidad nos arropan. La historia de Luciano (Aniello Arena), un pescador napolitano que por capricho de sus hijos audiciona para la versión italiana del “reality show” Big Brother y en consecuencia empieza a desligarse mentalmente de su entorno y entra en estado de paranoia, nos resulta hilarante, enternecedora y surrealísticamente trágica por como Garrone hace que nos identifiquemos con los sueños pequeño-burgueses de la mayoría de la población global-por si queda duda de que el filme puede hablarle a todo tipo de espectador, mientras veíamos la proyección comentaba con unas amistades como una secuencia particular, la de la audición de Luciano pudo haber ocurrido en Plaza las Américas, o en cualquier centro comercial de cualquier lugar, provocando las mismas reacciones. Garrone nos recuerda por momentos en este filme la paranoia buñueliana pero sobre todo siempre me asombro viendo Reality y cómo este hubiese sido el tipo de filme que a Fellini le hubiese gustado hacer en la última fase de su carrera, sino hubiese estado tan preocupado por ser “Fellini” y llenar la pantalla constantemente de cuanto vericueto sonoro/auditivo fuera posible. Reality es deudor en su espíritu más surrealista y excéntrico al Fellini comentarista social de La Dolce Vita o Ginger and Fred. Pero es en definitiva mucho más libre y sin estridencias. Cabe destacar la excelente actuación de Aniello Arena en el papel principal de Luciano. A tono con la predilección de Garrone por los actores no-profesionales, Arena es un criminal que Garrone conoció en las calles de Nápoles, y al comenzar a preparar el filme pensó inmediatamente en él para el papel principal, pero Arena se encontraba en la cárcel, así que Garrone decidió posponer el rodaje hasta que Arena cumpliese su sentencia y estuviera de nuevo en libertad. Cuando el filme triunfó en Cannes,  irónicamente, Arena se encontraba de nuevo en la cárcel. Son detalles como estos y el que Garrone nos confirme que basó su filme en una historia real, lo que sazonan la extraordinaria experiencia de ver Reality y reconfirmar a Garrone como uno de los cineastas más vitales e imprescindibles en ejercicio.


     Cuando vi por primera y única vez La mujer sin cabeza de Lucrecia Martel me acuerdo que salí consternado y hasta molesto del cine. No entendía como mi admirada Martel podía haber perpetrado aquella película tan impenetrable, áspera y aparentemente tan desconectada de su entorno. Unos días después de haberla visto, mientras desayunaba como un sopetón, todo, absolutamente todo acerca de la película me hizo sentido, y ahora puede ser que sea mi favorita de sus tres largometrajes. Algo similar, pero en menos tiempo, me ocurrió con Tabú de Miguel Gomes, a pesar de que iba algo preparado a su proyección ya que mucho había leído de lo que sin duda alguna ha sido una de las películas más aclamadas  del 2012 y años recientes, afirmación a la que me uno sin reservas. El tercer largometraje de Gomes es una exquisita reflexión cinematográfica acerca del replanteamiento de la historia y sus más recónditos vericuetos. Dividido en dos partes, una primera en la Lisboa moderna y otra en la jungla africana de hace medio siglo atrás, Tabú sigue la historia de Aurora, una señora mayor y acaudalada (Laura Soveral),  Pilar, su vecina (Teresa Madruga) y Santa, la inmigrante africana que la cuida (Isabel Cardoso) y como el pasado de la primera tendrá repercusiones inesperadas en el entorno de las otras dos mujeres. Pero eso es solo la explicación más superficial y escueta que se puede dar de una línea narrativa mucho más compleja y rica en matices sociopolíticos, metafóricos y visuales. Se trata de una obra maestra de esas a las que hay que volver más de una vez. Verla por vez primera es solo escarbar un poco su superficie, hay que volver a ella para seguir desentrañando sus misterios. Destacan las excelentes actuaciones de las tres protagonistas ya mencionadas y la excelente fotografía en blanco y negro de Rui Pocas. Miguel Gomes es otro de esos indispensables que de seguro tendrán mucho que ver en los caminos que tome el cine narrativo mundial en los próximos años.


     Más que indispensables, imprescindibles son los Hermanos Paolo y Vittorio Taviani, que aunque octogenarios afortunadamente siguen produciendo. Su filme más reciente Cesar Must Die  es un docudrama que fue premiado con el oso de oro en el festival de Berlín del 2012. En esta ocasión los directores de La Notte di San Lorenzo se enfocan en un grupo teatral de una prisión romana que está montando el clásico shakesperiano Julio Cesar. Sin hacer alardes de ningún tipo de virtuosismo más que el de ser aparentemente invisibles cronistas de un proceso, los Taviani nos presentan el proceso de los reos/teatreros en cada una de sus fases: reunión inicial, audición, primera lectura, ensayos en diferentes puntos de la prisión, la memorización de líneas y ensayos individuales de cada integrante, el montaje escenográfico y la presentación final, y están entremezclados por igual diferentes momentos de reflexión de los diferentes integrantes del grupo en revelaciones que ponen en justa perspectiva para el espectador un proceso mucho más liberador y digno de lo que pudiera pensarse a simple vista. Cesar Must Die trabaja con maestría distintos niveles que deben dar pie a una discusión más amplia, pero destaco dos: reivindica el poder de la obra del bardo Shakespeare a cuatro siglos de su desaparición física y la universalidad de sus temas y su prosa- uno de los presos/actores comenta con convicción y entusiasmo en un momento antológico del filme que “Ese Shakespeare debe venir de Nápoles como yo, esto es lo que pasa en mi barrio”- y sobre todo, el filme es un documento que debería ser obligatorio en todo centro pedagógico por la manera en que sin tener un fin propiamente didáctico y sin para nada sermonear ni diluirse en debates morales, el filme es quizás el mejor que he visto en años recientes acerca de cómo el arte puede aportar positivamente a la reivindicación del ser humano en la sociedad. En el transcurso del proceso de postproducción y estreno del filme, tres de los presos que participaron del montaje han salido en libertad y han encontrado sus caminos en el mundo de las letras, el teatro y el cine. Y es que como uno de ellos mismos comenta en lo que es quizás la escena más estremecedora de la película: “después de conocer el arte, las paredes de esta celda se me hacen pequeñas”.


     Beyond the Hills es el tercer largometraje de Christian Mungiu, y si bien no es una obra maestra como su 4 Months, 3 Weeks, 2 Days, es otro poderoso filme que lo reivindica como uno de los cineastas más importantes de su generación. En su mayoría transcurre en una especie de finca/monasterio en un pueblo remoto en las montañas de Rumania. Una joven, Voichita (Cosmina Stratan) espera en una estación de tren a una amiga de infancia, Alina (Cristina Flutur) recién llegada de Alemania que viene a pasar una temporada con ella con la esperanza de reencaminar su vida. Lo que sucede es que Voichita es monja y no quiere dejar su vida en el monasterio, que para sorpresa y algo de incomodidad de Alina, le causa felicidad. Mientras Voichita quiere con todas sus mejores intenciones ayudar a su amiga de infancia, Alina la desestabiliza cada vez más la vida en el conventos, sus rituales y su disciplina estricta. El gran acierto de Mungiu entre muchos es que más allá de trabajar a los que habitan en el monasterio como arquetipos, los humaniza y el espectador no logra identificarse plenamente con ningún personaje en específico porque en realidad, se identifica con todos. Podría parecer que una película de dos horas y media ambientada en su mayoría en un monasterio iría a ser una tortura para cualquier espectador. Pero sorpresivamente la puesta en escena de Mungiu es nada menos que letárgica, adentrándonos con profundidad inusual en la psicología de sus personajes, por más extrañas, impulsivas o despiadadas que sean sus acciones. Al igual que Tabú, es otra de esas películas a las que decididamente hay que volver a mirar más allá de su superficie. El guion de Mungiu fue premiado en el pasado festival de Cannes así como las actuaciones de Cosmina Stratan y Cristina Flutur, honores muy merecidos.


     Bella Addormentata es el filme más reciente del maestro Marco Bellocchio. Como nos tiene acostumbrados el gran cineasta, se trata de otra de sus exploraciones a la psiquis social, moral y religiosa de la Italia actual, esta vez partiendo del caso real de Eluana Englaro, una mujer que paso 17 años de su vida en estado vegetativo. La película se desarrolla durante los días de febrero de 2009 en donde el estado italiano iba a votar y a pasar veredicto acerca de si se le aplicaría la eutanasia a Eluana. Pero más que nada eso sirve de pretexto a Bellochio para contar varias historias que se encuentran en la periferia de dicho proceso: un senador (Toni Servillo) que está a punto de votar en el proceso que liberaría a Eluana o no de su estado vegetativo, su hija (Alba Rohrwacher, cara recurrente en el cine más reciente de Bellocchio) muy nerviosa y contrariada por la posible decisión de su padre, una actriz madura (Isabelle Huppert, que no necesita presentación) cuya hija también se encuentra en estado vegetativo, y una indigente (Maya Sansa) que solo quiere morir. Bellocchio cuenta sus historias con su maestría habitual, manteniéndonos tensos e interesados en todo momento y apuntando sus dardos siempre muy llenos de denuncia hacia las principales instituciones políticas y religiosas de Italia. A pesar de ser una leyenda viva del cine italiano el cineasta no está exento de controversia y cuando este filme no fue premiado en el pasado festival de Venecia no le faltaron razones para criticar al jurado de censura hacia el filme por la manera en que retrata críticamente la gestión de Silvio Berlusconi como primer ministro italiano, al cual Bellocchio nunca ha ocultado su desdén. No estamos ante una de las grandes películas de Bellocchio pero sí ante otra valiosa adición a la filmografía del mejor cineasta italiano vivo.

     Barbara de Christian Petzold, es el quinto largometraje de este destacado cineasta alemán al igual que otra excelente colaboración con su actriz fetiche Nina Hoss. El personaje titular interpretado por Hoss es una enfermera recién liberada por las fuerzas del STASI alemán, que es trasladada de Berlín- en donde trabajaba en un lujoso hospital- a un pueblito cerca del mar. La magistral actuación de Hoss de la mano con el excelente guion y puesta en escena de Petzold- quien ganó el premio de mejor dirección en el festival de Berlín 2012- nos devela poco a poco, fragmentadamente y de manera casi voyerista a un personaje que nada tiene que ver con lo que inicialmente imaginamos. Barbara va lentamente relajando su rígido exterior y adentrándonos en su psiquis, volviéndose un personaje mucho más compasivo y extrovertido. El filme no solo es un excelente estudio de personaje y un valeroso retrato de lo que probablemente fue la readaptación social de muchos prisioneros políticos y activistas alemanes, es también un retrato curioso acerca de cómo el individualismo puede devenir en un sentido más amplio y humano de comunidad, regímenes y dictámenes sociales aparte.


     Sin duda la película más esperada y aplaudida del festival lo fue Blancanieves de Pablo Berger, apenas su segundo largometraje después de su muy divertido y metacinematográfico debut del 2004, Torremolinos 73. Berger es un director claramente interesado en el metacine y en la evocación de géneros fílmicos pasados o ya prácticamente inexistentes. Blancanieves se trata de una película muda, más a la usanza de los filmes silentes europeos que al Hollywood convencional que retrata The Artist. Claro está, el cine de Guy Maddin es una referencia obligada y su influencia permea Blancanieves en cada fotograma, pero claro, siendo Maddin uno de los mejores cineastas del mundo en este caso, eso es una cosa muy positiva. Como el título y los avances dejan entrever, se trata de una adaptación del mundialmente famoso e infinitamente adaptado cuento infantil de los Hermanos Grimm, llevándolo a la España de los años 30 y resaltándole sus elementos más españoles: los toros y el flamenco. Esta vez Blancanieves (Macarena García) es hija de un corneado torero (Daniel Giménez Cacho), una cantante de flamenco (Imma Cuesta) y en vez de siete enanitos son cinco, una muy peculiar troupe de enanitos toreros y claro, la madrastra genialmente interpretada por una Maribel Verdú- a quien siempre hemos asociado con papeles más cálidos – que no tiene miedo a caer en la caricatura ni la más extrema teatralidad que requiere la interpretación de un personaje tan malvado. Si bien la línea narrativa del filme flaquea por momentos- con muchas escenas que no hacen más que marcar tiempo como para que el filme llegue a la hora y media de metraje- al final Berger remata con una potente vuelta de tuerca al tan conocido final del cuento original y sus instintos visuales por lo general nunca fallan para crear una película visualmente muy original y por mucho más osada de lo que por lo general nos tiene acostumbrados el cine comercial español- de hecho los 13 premios Goya que recibió el filme parecen ser el reclamo por la vuelta a una integridad artística que cada día más parece que la industria cinematográfica española pierde por su creciente “industrialización” en el más hollywoodense sentido de la palabra, algo que contrasta curiosamente con la actual situación económica española, pero eso es tema de otro ensayo.

¡Bravo a la Alianza Francesa de Puerto Rico por este festín! Ya hago embocadura para el año que viene.

miércoles, 30 de enero de 2013

Cine y riqueza


En estos días en que revaluamos el cine visto en el último año, me gustaría destacar dos filmes que han coincidido en varias listas de publicaciones importantes y se han mantenido en el apartado de películas a las que les he dedicado pensamiento frecuente debido a su problemática: Cosmopolis de David Cronenberg y Holy Motors de Leos Carax .

Elementos importantes conectan estas dos películas. Ambas están estructuradas a partir de un personaje central que se traslada en limosina durante todo un día y una noche por una megaciudad (New York/París). En el primer caso, la acción discurre en torno a las interacciones del personaje con visitantes; y en el segundo, con visitas que hace el protagonista. El desarrollo de estas tramas se articula de manera episódica siendo cada interacción una historia independiente.

Un gran porciento de las películas ocurre dentro de las limosinas. Estos vehículos funcionan como burbujas de protección y status. Como es habitual en estos directores, la sexualidad, el poder y la violencia entran en juego en la trama a manera de inmersiones psicológicas profundas.

En Cosmopolis, el pálido billonario Erik Parker (Robert Pattinson) decide dirigirse, en un día tumultuoso de protestas, hacia el bajo Manhattan para cortarse el pelo con el barbero de su niñez. Este capricho, como en Citizen Kane de Orson Welles, apunta a aquello perdido (¿la inocencia?) que el dinero no logra comprar. No es un recorte en sí lo que quiere, sino reproducir una experiencia extraviada. El super rico sufre de vacío existencial y ostracismo. Su desinterés por el negocio, el cinismo ante la política y la realidad social, el desapegado vicio sexual y su fracaso matrimonial se van develando con cada pasajero que sube a su máquina y los brillantes diálogos que se suscitan. El viaje del joven rico termina en una búsqueda de sentido por medio del dolor y la humillación.

Holy Motors se mueve en otro campo: el de lo metacinematográfico. La película atraviesa su propia construcción. Se rompe literalmente la pared de la ficción y, como espejo, nos devuelve la imagen de nosotros como espectadores. Carax se observa a sí mismo como director revisitando tramas y personajes, y permitiendo una mirada íntima a su actor fetiche Denis Lavant(tour de force sin duda). Lavant hace de un extraño actor-camaleón llamado Monsieur Oscar que desde su limosina se transforma en distintos seres: una vagabunda, un hombre monstruoso, un actor porno rodando en greenscreen, un padre de una adolescente tímida, un enfermo terminal y otros personajes excéntricos más. Oscar se envuelve en un cierto tipo de cine invisible ya que sus escenas no forman parte de un rodaje. Son viñetas sueltas de las cuales el actor entra y sale como en un servicio a domicilio. Cual un juego de cajas chinas, son innumerables películas dentro de una misma película o la carrera de un actor condensada en un día. Quizás un mundo alterno donde la realidad está tan necesitada de ficción que se contratan actores para alterarla.

Aparte de la calidad dramatúrgica, de puesta en escena y actoral en las dos propuestas fílmicas (a las cuales se le podría dedicar más espacio, esta no es una reseña exhaustiva), un elemento me inquieta mucho. Cosmopolis y Holy Motors concuerdan además en el contexto económico que representan. Ambas películas se adentran en el mundo de los millonarios.

Esta atracción, que en ninguno de los casos opta por la sátira sino más bien por el drama existencial("el ser"; no el movimiento) serio, puede ser síntoma, entre otros factores, de las discusiones mundiales de movimientos como “Occupy” acerca del acceso a la riqueza por el 1% vs. el 99% de la población (Cronenberg lanza guiñadas hacia el tema). La fascinación por el minúsculo mundo de los multimillonarios me sorprendió en estos directores independientes y de temas radicales, aunque no es exclusivo de estas dos películas. Los super héroes más exitosos del cine actual son los multimillonarios Batman, Ironman y el eterno “jetsetter”, James Bond. La lista de personajes podría continuar, por supuesto, incluyendo al más contemporáneo y realista Mark Zuckerberg de The Social Network o algunos de los personajes de Sofía Coppola.

Para Cronenberg y Carax estas figuras están llenas de problemas psíquicos y angustia pero independientemente de su intimidad fracturada siguen siendo el motor sagrado de una maquinaria que domina al mundo exterior. Entiendo que los directores se dirigen hacia esa relación y sus complejidades. Los personajes encarnan el movimiento que agita, ya sea la bolsa de valores con Cronenberg o el “lumen cinemático” en el caso de Carax. Ambos directores se adentran a capas semióticas que superan el simple retrato de un sujeto multimillonario aunque esta nunca deja de ser su marca como personajes.

Sorprende el respeto que ambos directores le dedican no sólo al personaje, sino en cierta manera melancólica, al estilo de vida. “Estos pobres millonarios sufren de soledad, vacío humano y de todas formas tienen que terminar su difícil jornada”, parecerían decirnos. ¡Por favor!

A veces se crítica con acierto que la cultura mainstream occidental se enfoca en los problemas insulsos de la gente de raza blanca, que es como decir de las clases más afluyentes. Si esta tendencia por las narrativas de multimillonarios se asienta, estaríamos hablando del extremo final de esa aseveración: los problemas insulsos del hombre blanco multimillonario.

Tanto en la realidad como en la ficción estas personas son tan ricas que se vuelven intocables. El cine parece adorarlos cada vez más, quizás en la misma medida en que las producciones de Hollywood tienen presupuestos cada vez más altos y las celebridades cobran salarios hiperbolizados. “Qué hablen de nosotros, productores y actores, y de nuestros dilemas”, parecerían decir. ¿En serio?

En los 60's y 70's cineastas como Godard, Antonioni y Buñuel lanzaron fuertes críticas a la burguesía europea, que está más abajo que esta gente, por cierto. De esa trinchera queda Michael Haneke en actividad. Por su parte el cine gringo tiene un catálogo bastante grande dedicado a las sátiras suburbanas y las jodiendas de la clase media.Al latinoamericano y africano no le queda que tratar con la pobreza en todos los sentidos. Esta tradición balancea ideológicamente al cine visto en las últimas décadas. Sin embargo, es curioso que al millonario rara vez se le cuestiona en el cine. Funciona como una cúspide del deseo colectivo. Todo el mundo sueña con ser millonario como la Lotería y los Reality bien saben.

Una crítica gastada al cine de Woody Allen es que sus personajes pertenecen a la alta burguesía y es por ello que los conflictos que él presenta suenan enajenados. Es bastante cierto, pero el mundo de Woody puede parecer más cercano comparado a estos filmes que dan foco a lo más alto de la pirámide económica y que nos piden sentirnos afectados. Al menos yo no logro identificarme por más que el issue remita a la condición humana o al estado vital del cinéfilo como intentan Carax y Cronenberg. Saberme solo en una limosina nunca será un conflicto que me interpele.

Aunque como espectador respeto la voluntad de cualquier director de hacer la película que desee y de sumergirse en el estrato social que quiera, no se trata de ponernos a censurar o boicotear siento que las ganas de seguir viendo estos dramas sobre los dolores del dinero se me van.
Este artículo fue publicado originalmente en http://www.80grados.net/



miércoles, 1 de agosto de 2012

El CINE ESPAÑOL Y SU GRAN DICTADOR



Lo que actualmente sucede en España, especialmente a la industria cinematográfica, puede recordarnos en muchos sentidos a una película de catástrofes como las de Roland Emmerich. Sin embargo, aquí no hay grandes naves espaciales enemigas, ni meteoritos amenazantes, ni una bestia terrible como Godzilla, sino un Mariano Rajoy. No hubo calendario maya que anunciara semejante vaticinio para el país. Éste se proclamó líder de la nación a la gobernación a través de miles de votantes que buscaban vengarse del gobierno socialista de Zapatero. Y llegó a La Moncloa con el mismo impulso del planeta Melancolía  y con la ferocidad del Alien de Scott, para acabar con buena parte de la industria cultural y cinematográfica.
Ya el cine no se encontraba en su mejor momento. Por ejemplo, si se compara la recaudación de lo que va de año, con la del año pasado a estas mismas alturas, se puede notar un descenso de un 12%.  Esto sin tomar en cuenta que el 2011 a su vez ya había bajado un 6.5% con respecto al 2010. Cada vez es más fácil hablar en voz alta en la salas de cine. Para qué susurrar si no hay más público, sobre todo en las salas especializadas en cine documental o de autor. Como era de esperarse, solo el cine de la gran industria cinematográfica norteamericana se ha mantenido en una situación estable. Los blockbuster siguen a flote. En cambio las películas españolas sí han sufrido grandes bajas.
Todo esto ha sido afectado, en gran parte, por la presencia de la piratería, un mercado negro cada vez más grande y más negro. Esto ya que la oferta en cartelera del cine autóctono no ofrece, a un público cada vez más sediento de sangre hollywoodense, obras que saciasen sus deseos. Y cuando una película española intenta ser Hollywood, se queda siempre corta y esto tampoco gusta. ¿Por qué nos vamos a engañar? El cine español no es profeta en su tierra; cultiva sus mayores éxitos en el extranjero, en países como Francia y Argentina. Debido a todo esto, no es tan sorprenderte enterarse que en los últimos dos meses en España se cerrasen veinte salas de cine. Y esto es solo el comienzo. Llegó la Liga de la Oscuridad con su respectivo Bane.    
Rajoy se alzó al poder montado en un carro de promesas que a medida que pasaba el tiempo, fue rompiendo, llegando al punto de hacer cosas que había jurado y perjurado no hacer. Esta contradicción es el comienzo de una avalancha nacional, y en términos más cinematográficos, fue el primer punto de giro en España. Mariano no es quien se creía. Sorpresa para todos los votantes. Rápidamente su política cambió y, al igual que con Zapatero, ésta fue el resultado de los intereses que existían en Bruselas y Alemania. Es decir que si Rajoy era Darth Vader, Merkel es Darth Sidious y a éste le toca obedecer.


Pronto comenzó a acatar órdenes -“porque no nos dejan elección”- y comenzó a recortar a diestra y siniestra. Nada se escapaba de sus tijeras, excepto los ricos. El Fondo de Protección Cinematografica bajó un 35%. De tener 76 millones de Euros, bajó a 49 millones. El otro tijerazo fue al Instituto de Cinematografia de España, al cual le bajó el presupuesto un 35.4%. De 109 millones de euros a 68. Piénsese esto no tanto en dinero, sino en menos proyectos, menos películas, menos oferta de cine español, lo que a la larga terminará significando más gente desempleada y más cine gringo. Es una cadena que sigue y sigue, y por lo visto, seguirá extendiéndose. Por ejemplo, si se compara el número de películas rodadas hasta a esta misma fecha el año pasado (74 peliculas) con la de este año (25 pelis, de las cuales la mayoría son cortometrajes), podemos inferir con facilidad que la tasa de desempleo en el sector audiovisual ha aumentado radicalmente.   
El gobierno intentó amortizar esto reescribiendo la ley de mecenazgo, con la cual se creaban exenciones tributarias a la industria privada si ésta apoyaba al cine. Pero esta ley nunca funcionó. Ciertamente porque la cultura de la subvención estaba muy arraigada, y en la industria privada siempre hubo cierta desconfianza con respecto al cine y a las artes. En resumen, es una acción inútil más del gobierno. A pesar de ella -y quizá por ella- hubo cierta unión dentro de la gente de la industria y se intentó echar palante. Pero hubo un nuevo punto de giro en esta historia: el Ivazo.
Ivazo: es el terminó coloquial que se usa para referirse al aumento de IVA: Impuesto sobre el Valor Aplicado. Esto equivale a dar un vergazo, un galletazo bien duro, en la economía del país.
Debido al Ivazo todo aumentará, todo. Entre muchas cosas y dentro de términos culturales, se afectará: la taquilla del cine, el teatro, los festivales, los eventos musicales y los museos privados. Ser “culto” será más que nunca cosa de burgueses. El aumento del IVA  pasa a ser de un 8% a un 21%. Originalmente se había hablado de solamente dos puntos, un 10%, pero Rajoy incumplió una vez más su promesa. Esta acción radical del presidente ha alarmado, y con razón, a todo el mundo: la prima de riesgo se disparó a un máximo histórico de 642 puntos, la bolsa española se pinto de rojo y la gente se lanzó a las calles a protestar. 
Ya se habla de la extinción del cine en España. A lo Darwing, solo sobrevivirán los más fuertes. El sector más indie del cine sucumbirá posiblemente. Este aumento en el IVA no puede ser absorbido por la industria cinematográfica, por lo tanto el muerto caerá sobre el espectador, el cual de por sí había dejado de asistir al cine. Ahora lo que invadirá las salas será el sonido de los grillos. El gran vaticinio que se rumorea oficialmente es que se cerraran un 70% de las salas en todo el país.
Con respecto al resto de Europa, España va a contracorriente de la política cultural de la eurozona. Tendrá el impuesto más alto sobre las actividades culturales de la región, donde el máximo porcentaje de impuestos siempre había sido de un 10%. Habrá que ir al cine en países como Suiza o Francia donde se pagan un IVA de 2% y 6%, respectivamente. Con respecto a Francia, un país más progresista, éste ha hecho todo lo contario que España. Incluso a llegado a invertir en la educación cinematográfica de los niños. En las escuelas primarias ya se les educa en lo que es el cine clásico. Y al llegar a la secundaria reciben clases de profesores especializados en la materia. Y hablamos de un país donde el presupuesto que el gobierno invierte en el cine es menor al de España, y donde funciona perfectamente la ley de mecenazgo, porque allí la industria privada recibe exenciones tributarias mayores a las que se proponen en España.
Los presidentes de las asociaciones más importantes del sector cinematográfico: Pedro Pérez, Presidente de la Asociación de Productores, Juan Ramón Gómez Fabra, líder de los exhibidores, y también el presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, han intentado dialogar con el presidente con respecto a esto, con el argumento de que el aumento del IVA debería ser relativo a cada sector. Consideran que es totalmente desproporcionado. Pero no han podido establecer ningún tipo de comunicación con Rajoy. Como un avestruz, éste esconde la cabeza.
Todo parece indicar que el cine se convertirá en una actividad que podrá ser disfrutada solamente por banqueros, a los únicos que no afecta este aumento ni los recortes, y que incluso ha rescatado. Si la industria cinematográfica logra sobrevivir a los recortes y políticas asfixiantes, Mariano Rajoy se convertirá en un símbolo cinematográfico similar al que creara Tim Burton en su Edward Scissorhands. Y en la historia de España, la no oficial, pasará a ser recordado por muchos como el enemigo número uno de la cultura, del cine, un gobernante que al contrario del rey Midas, no convertía todo lo que tocaba en oro, si no lo contrario, en mierda. 


miércoles, 19 de octubre de 2011

K.K.K

“Yo no te entiendo. Kafka, una mujer te dice no con su mente para que la desmientas. Su cuerpo, el chochito te está pidiendo tu mejor esfuerzo en traducción. ¿Tú no eras inteligente?”


Así comienza la primera parte de KKK, “Expectativas” con este consejo de cortejo y una toma de cuatro minutos de la espalda juvenil de Kierkegaard (Cedric Montag ) mientras se escucha el llanto del interlocutor, Kafka (Mathias Werner) al fondo. La escena termina con la entrada a cuadro de Kerouac (Jean-Luc Lebon) quien furioso, le pega un cocotazo a Kafka ya que “no lo deja cagar y leer Moby Dick en paz”.

KKK no es un biopic incongruente acerca de los escritores Franz Kafka, Jack Kerouac y Soren Kierkegaard. Se trata de la segunda película del director/escritor francés, Ives Demoliere, cineasta que marco los circuitos de festivales en el 2007 con Le renard (El zorro).

La película es una comedia ácida acerca de la sexualidad de tres hermanos adolescentes. Kafka (16 años), Kerouac (17 años) y Kierkegaard (18 años) buscan la manera de meterse en las faldas de sus compañeras de escuela, de las empleadas del supermercado o de sus vecinas, las hermanas Huppert. Aunque aceptamos que la premisa podría parecerse mucho a la franquicia de American Pie, los resultados son de mucha más profundidad y de una hilaridad psicológica que las cintas gringas ni siquiera se interesan en rozar. Demoliere es un estudioso del carácter y su interés está más cerca del trabajo de un Larry Clark o Gus Van Sant aunque con tintes originales muy personales.

Se dice a veces que los nombres marcan el destino de la personalidad. Siguiendo esta idea Demoliere traza la personalidad amorosa de estos hermanos recurriendo a cierta esencia de los escritores originales.

Como se puede suponer Kafka es un joven tímido y pudoroso que escribe poemas en la noche a la menor de las Huppert, Isis. Isis por su parte se burla del chico con sus amigas mientras fuman marihuana y cantan una melodía pegajosa que suponemos se titula “Salopard mon amour” en los cementerios de la ciudad.

El hermano del medio Kerouac, vive prácticamente en las calles vendiendo pastillas y robando radios de carros. Su éxito con las chicas consiste en emborracharlas y tirárselas en los baños de los bares mientras recita estrofas oscuras (con un acento pésimo) de Allen Ginsberg.

Kierkegaard es un intelectual de la seducción. Se jacta de haber leído toda la bibliografía sobre el tema. Se piensa el más apto para que una mujer le abra las puertas de abajo. Aunque da consejos a diestra y siniestra (tiene incluso un blog dedicado al tema) nunca se le ve con ninguna chica.

Durante la primera parte del filme Demoliere utiliza planos secuencia con cámara en mano para seguir la desventuras eróticas de estos jovencitos. Da la sensación que la cámara es un amigo silencioso, testigo de todo lo que sucede. Las tomas trabajan una incomodidad voyerista que va a la par con la incomodidad característica de los cuerpos en la adolescencia.

Luego de una escena de borrachera en la que cada uno de los hermanos se imagina la manera en que se tirarían a la actriz Marion Cotillard: poniéndole flores en la vagina (Kafka), en el baúl grasoso de un carro (Kerouac), en la sala de proyección de un cine (Kierkegard), se introducen los padres profesores y con ellos la segunda parte del filme “Historia de la sexualidad”. Asumimos que la pareja Capillard estaba de conferencia académica en otra ciudad y por ello sus hijos llevan varios días a sus anchas. Al encontrar la casa hecha un desastre con los chicos semidesnudos durmiendo en el comedor, los padres se sumergen en una compleja disertación acerca de la responsabilidad del hombre y la mujer sin Dios en un mundo absurdo donde el caos es la norma y el sexo una confusión para el espíritu.

Para las escenas con los padres el estilo fílmico cambia. Las tomas fijas prevalecen. Nos parece connotar el estancamiento libidinoso e intelectual de estos literatos que todavía se enfrascan en sendas discusiones acerca de la batalla existencialista entre Sartre y Camus. El padre y la madre, interpretados por Jean Pierre Philippe y Diana de Azua, nos sirven de trasfondo para entender a los hermanos y la erudición literaria que impregna los diálogos del filme. Este episodio cómico termina siendo un repaso por la filosofía post-estructuralista francesa en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, esta densidad académica resulta muy divertida ya que está intercalada con excitantes negativos alterados de porno de los años setenta. Demolier forma con esto una apalabrada, más gráfica descripción de la psique familiar.

La tercera parte del filme le devuelve el protagonismo a los hermanos. Esta parte titulada “La reconquista: el mundo es verdaderamente sexy” es un acelerado recuento de cómo se desenvuelven los hermanos en su búsqueda de carnalidad. La edición en esta parte es rápida y atropellada. Prácticamente es todo sexo. Kierkegard es seducido por una profesora feminista durante la presentación de un libro. Kerouac se empepa, baila y chicha en un club de synth-goth con tres chicas diferentes. Kafka logra una mamada de Isis luego de ver Stolen Kisses de Truffaut en la cinemateca. Demoliere es gráfico y chocante en su presentación del sexo y en la manera de utilizar la cámara como un personaje más y esto lo conecta con otro director francés con un estilo similar, Gaspar Noé. Sin embargo, donde Noé resulta vacío (ver Enter The Void) Demoliere sabe cómo llenar de significados, sugerencias poéticas y referentes.

La cuarta y última parte “Qué Solaris nunca nos atrape” nos devuelve un ritmo pausado y nos adentra a una experiencia de ensimismamiento y abstracción. Kafka, Kierkegaard y Kerouac están sentados junto a sus padres viendo una obra de teatro futurista. La banda sonora son dialogos sacados directamente de la novela Solaris de Sanislaw Lem. Demoliere se adentra en la arquitectura de los rostros, en los gestos corporales pequeños y fetichiza los objetos en el teatro: las sillas, las columnas, el foso de la orquesta, la utilería, la genitalia de los actores, sus bocas, ojos y pies. La cámara en esta parte es del todo subjetiva intercalando los puntos de vista de cada uno de los personajes. Lo que ve el ojo no es arbitrario, es una selección erógena de los placeres visuales. En otras palabras una psicología de la contemplación erótica.

“Kafka, la mujer del científico que aparece en la nave es una representación fantasmagórica de su trauma amoroso. Te lo digo, ella no es un robot. Estás equivocado. ¿Tú no eras inteligente?”