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miércoles, 30 de enero de 2013

Cine y riqueza


En estos días en que revaluamos el cine visto en el último año, me gustaría destacar dos filmes que han coincidido en varias listas de publicaciones importantes y se han mantenido en el apartado de películas a las que les he dedicado pensamiento frecuente debido a su problemática: Cosmopolis de David Cronenberg y Holy Motors de Leos Carax .

Elementos importantes conectan estas dos películas. Ambas están estructuradas a partir de un personaje central que se traslada en limosina durante todo un día y una noche por una megaciudad (New York/París). En el primer caso, la acción discurre en torno a las interacciones del personaje con visitantes; y en el segundo, con visitas que hace el protagonista. El desarrollo de estas tramas se articula de manera episódica siendo cada interacción una historia independiente.

Un gran porciento de las películas ocurre dentro de las limosinas. Estos vehículos funcionan como burbujas de protección y status. Como es habitual en estos directores, la sexualidad, el poder y la violencia entran en juego en la trama a manera de inmersiones psicológicas profundas.

En Cosmopolis, el pálido billonario Erik Parker (Robert Pattinson) decide dirigirse, en un día tumultuoso de protestas, hacia el bajo Manhattan para cortarse el pelo con el barbero de su niñez. Este capricho, como en Citizen Kane de Orson Welles, apunta a aquello perdido (¿la inocencia?) que el dinero no logra comprar. No es un recorte en sí lo que quiere, sino reproducir una experiencia extraviada. El super rico sufre de vacío existencial y ostracismo. Su desinterés por el negocio, el cinismo ante la política y la realidad social, el desapegado vicio sexual y su fracaso matrimonial se van develando con cada pasajero que sube a su máquina y los brillantes diálogos que se suscitan. El viaje del joven rico termina en una búsqueda de sentido por medio del dolor y la humillación.

Holy Motors se mueve en otro campo: el de lo metacinematográfico. La película atraviesa su propia construcción. Se rompe literalmente la pared de la ficción y, como espejo, nos devuelve la imagen de nosotros como espectadores. Carax se observa a sí mismo como director revisitando tramas y personajes, y permitiendo una mirada íntima a su actor fetiche Denis Lavant(tour de force sin duda). Lavant hace de un extraño actor-camaleón llamado Monsieur Oscar que desde su limosina se transforma en distintos seres: una vagabunda, un hombre monstruoso, un actor porno rodando en greenscreen, un padre de una adolescente tímida, un enfermo terminal y otros personajes excéntricos más. Oscar se envuelve en un cierto tipo de cine invisible ya que sus escenas no forman parte de un rodaje. Son viñetas sueltas de las cuales el actor entra y sale como en un servicio a domicilio. Cual un juego de cajas chinas, son innumerables películas dentro de una misma película o la carrera de un actor condensada en un día. Quizás un mundo alterno donde la realidad está tan necesitada de ficción que se contratan actores para alterarla.

Aparte de la calidad dramatúrgica, de puesta en escena y actoral en las dos propuestas fílmicas (a las cuales se le podría dedicar más espacio, esta no es una reseña exhaustiva), un elemento me inquieta mucho. Cosmopolis y Holy Motors concuerdan además en el contexto económico que representan. Ambas películas se adentran en el mundo de los millonarios.

Esta atracción, que en ninguno de los casos opta por la sátira sino más bien por el drama existencial("el ser"; no el movimiento) serio, puede ser síntoma, entre otros factores, de las discusiones mundiales de movimientos como “Occupy” acerca del acceso a la riqueza por el 1% vs. el 99% de la población (Cronenberg lanza guiñadas hacia el tema). La fascinación por el minúsculo mundo de los multimillonarios me sorprendió en estos directores independientes y de temas radicales, aunque no es exclusivo de estas dos películas. Los super héroes más exitosos del cine actual son los multimillonarios Batman, Ironman y el eterno “jetsetter”, James Bond. La lista de personajes podría continuar, por supuesto, incluyendo al más contemporáneo y realista Mark Zuckerberg de The Social Network o algunos de los personajes de Sofía Coppola.

Para Cronenberg y Carax estas figuras están llenas de problemas psíquicos y angustia pero independientemente de su intimidad fracturada siguen siendo el motor sagrado de una maquinaria que domina al mundo exterior. Entiendo que los directores se dirigen hacia esa relación y sus complejidades. Los personajes encarnan el movimiento que agita, ya sea la bolsa de valores con Cronenberg o el “lumen cinemático” en el caso de Carax. Ambos directores se adentran a capas semióticas que superan el simple retrato de un sujeto multimillonario aunque esta nunca deja de ser su marca como personajes.

Sorprende el respeto que ambos directores le dedican no sólo al personaje, sino en cierta manera melancólica, al estilo de vida. “Estos pobres millonarios sufren de soledad, vacío humano y de todas formas tienen que terminar su difícil jornada”, parecerían decirnos. ¡Por favor!

A veces se crítica con acierto que la cultura mainstream occidental se enfoca en los problemas insulsos de la gente de raza blanca, que es como decir de las clases más afluyentes. Si esta tendencia por las narrativas de multimillonarios se asienta, estaríamos hablando del extremo final de esa aseveración: los problemas insulsos del hombre blanco multimillonario.

Tanto en la realidad como en la ficción estas personas son tan ricas que se vuelven intocables. El cine parece adorarlos cada vez más, quizás en la misma medida en que las producciones de Hollywood tienen presupuestos cada vez más altos y las celebridades cobran salarios hiperbolizados. “Qué hablen de nosotros, productores y actores, y de nuestros dilemas”, parecerían decir. ¿En serio?

En los 60's y 70's cineastas como Godard, Antonioni y Buñuel lanzaron fuertes críticas a la burguesía europea, que está más abajo que esta gente, por cierto. De esa trinchera queda Michael Haneke en actividad. Por su parte el cine gringo tiene un catálogo bastante grande dedicado a las sátiras suburbanas y las jodiendas de la clase media.Al latinoamericano y africano no le queda que tratar con la pobreza en todos los sentidos. Esta tradición balancea ideológicamente al cine visto en las últimas décadas. Sin embargo, es curioso que al millonario rara vez se le cuestiona en el cine. Funciona como una cúspide del deseo colectivo. Todo el mundo sueña con ser millonario como la Lotería y los Reality bien saben.

Una crítica gastada al cine de Woody Allen es que sus personajes pertenecen a la alta burguesía y es por ello que los conflictos que él presenta suenan enajenados. Es bastante cierto, pero el mundo de Woody puede parecer más cercano comparado a estos filmes que dan foco a lo más alto de la pirámide económica y que nos piden sentirnos afectados. Al menos yo no logro identificarme por más que el issue remita a la condición humana o al estado vital del cinéfilo como intentan Carax y Cronenberg. Saberme solo en una limosina nunca será un conflicto que me interpele.

Aunque como espectador respeto la voluntad de cualquier director de hacer la película que desee y de sumergirse en el estrato social que quiera, no se trata de ponernos a censurar o boicotear siento que las ganas de seguir viendo estos dramas sobre los dolores del dinero se me van.
Este artículo fue publicado originalmente en http://www.80grados.net/



miércoles, 18 de enero de 2012

A Dangerous Method: Peripecias del primer psicoanálisis


Luego de más de un siglo de historia al psicoanálisis se le ha criticado y a levantado detractores de todo tipo. Las publicaciones al ataque no escasean y hoy por hoy parece ser un método que fluctúa entre la búsqueda de vigencia y el mantenimiento férreo de sus prerrogativas básicas o edificio conceptual. Parecería ser que esta situación responde a una crisis producto de cambios político-históricos, académicos y morales, sin embargo, y sin descartar lo anterior, si se analiza la genealogía misma del psicoanálisis nos damos cuenta que la constancia en esta teoría ha sido la controversia y la división de criterio investigativo de quiénes la practican. Nada mejor para ver este aspecto que examinar las desastrosas relaciones entre Sigmund Freud y Carl Jung.

Es curioso que la teoría y el sistema clínico más influyente del siglo pasado no haya tenido hasta ahora prácticamente ninguna presencia en el cine incluso con sus muchos chismes y luchas de poder. David Cronenberg aprovecha ese nicho y en su último filme A Dangerous Method (2011) se acerca al binomio Sigmund Freud (Viggo Mortensen) y Carl Jung (Michael Fassbender) re-construyendo el conflicto esencial que rodea a estas figuras más que claves en el movimiento.

Dice Cronenberg:

“En esta ocasión no quería hablar tanto de una enfermedad como de contar un drama. Y para que un drama funcione debe de haber algo que vaya mal, tiene que existir el conflicto, no siempre físico…es importante incidir en que la película cuenta el inicio del psicoanálisis cuando estaban todos los caminos abiertos, en plena investigación. Por ejemplo, podían preguntarse: ¿por qué no tener relaciones sexuales con un paciente?, ¿puede que sea terapéutico? Hoy ya sabemos que no es buena idea”. (Entrevista con el periódico El país 25/11/2011)

El filme aprovecha esa idea de los caminos investigativos abiertos para enfocarse sobretodo en el trabajo y vida de Carl Jung. Un joven Jung logra validar exitosamente la “terapia del habla” propuesta por Freud para aliviar la histeria y la neurosis. Su práctica clínica prueba la tesis que plantea la represión de los impulsos sexuales como raíz de los desordenes psíquicos. El trabajo de Jung se convierte en uno de los pilares del movimiento, sin embargo, sus intereses investigativos (dirigidos hacia la metafísica y el análisis cultural) comienzan a alejarse de los inamoviblemente sexuales de Freud, llevando a ambos psiquiatras a enfrentarse hasta que ocurre la separación definitiva.

Cronenberg decide relatar esta famosa separación no solamente desde el aspecto de la investigación psiquiátrica con sus muchas reuniones, cenas y debates sino también desde la tumultuosa vida sexual de Jung. Tal como plantea el psicoanálisis el director canadiense utiliza la narrativa sexual-familiar para ofrecernos una versión íntima de este caso.


Una de las pacientes más importantes de Jung fue sin duda Sabina Spielrein (Keira Knightley). Como paciente representó uno de los primeros y mayores éxitos de la terapia. Su histeria provenía de unas densas obsesiones sexuales que debían ser exteriorizadas. Lo interesante y des-estabilizante es que en el transcurso de la terapia Spielrein se convirtió en la asistente de investigación de Jung y luego en su fogosa amante.

Cronenberg utiliza esta relación como una metáfora de los planteamientos conceptuales más importantes de la teoría. Cada personaje termina representando un aspecto de ésta:

Carl Jung con una plácida vida matrimonial se enfrenta a unos deseos sexuales extravagantes y sado-masos por Spielrein. De terapista va lentamente volviéndose paciente en crisis. Aunque intenta reprimir estos impulsos que dan al traste con su vida matrimonial y profesional, termina cediendo a ellos avalado por la influencia del colega Otto Gross (Vincent Cassel), quien propone en todo momento rendirse ante el deseo sexual sin importar si este se genera con las pacientes. Tanto Gross como Spielrein son una manifestación del inconsciente sexual de Jung o el “ID”.



Para una figura tan recta como Jung los conflictos éticos surgen contaminando la recién conquistada libertad sexual y causando fricciones con Freud. Freud como líder del movimiento va convirtiéndose en el “Superego” o ley interna al cual el sujeto Jung responde y a la cual quiere sublevarse tanto a nivel ético como teórico. La compleja relación con Spielrein no solamente sucede en un ámbito sexual sino que en ambos se despierta una constante auto-reflexión que da motivo a la investigación de otras perspectivas acerca del inconsciente como las que dieron pie a la teoría de la pulsión de muerte.

Siguiendo su última tendencia Cronenberg utiliza un estilo formal muy limpio, comedido y distante. Su frialdad casi clínica funciona muy bien con el material narrativo y con los espacios geográficos vieneses. Las actuaciones de Fassbender, Mortensen, Cassel y Sarah Gadon como Emma Jung reflejan esa misma línea de elegancia, discreción pero intensidad interna. Es una tendencia en el cine de Cronenberg tener complejos personajes masculinos y excelentes actuaciones, esta no es la excepción.

“Me hace feliz trabajar con los actores, y aquí además tuvimos una filmación plácida, con grandes intérpretes…Con los años soy cada vez más sencillo con la cámara, más directo, preciso. Cada vez hablo menos con los actores y los técnicos. Yo les he contratado por algo: que lo muestren”. (Ibid.)

Habría que ver hasta que punto Keira Knightley encaja con el estilo de actuación del ensemble, sobretodo en esa primera parte donde sucumbe a la sobreactuación. Por suerte su personaje se normaliza logrando ecualizar el trabajo actoral hasta cierto punto.


El trabajo de David Cronenberg en A Dangerous Method presenta como los nudos psíquicos que intenta revelar el psicoanálisis surgen precisamente del drama mental y sexual de sus terapistas y teóricos. Este experimentado cineasta retoma los temas de las voliciones extremas y de las oscuridades psíquicas con un estilo que se vuelve cada vez más prístino y que privilegia el contar una buena historia por encima del exceso visual o el morbo desmedido.