50 años han pasado desde que Jean-Luc Godard nos enseño las estupendas nalgas de Brigitte Bardot en Contempt. En una escena post coito y como introducción, una Bardot desnuda le pregunta a Michel Piccoli, su marido en la historia, si ama sus nalgas, sus muslos, sus tetas, sus pezones y boca. Piccoli responde afirmativamente a todas las preguntas (¿quien no?), la ama completa y trágicamente. El Film Forum le acaba de dedicar dos semanas de proyección restaurada a este filme clásico. Los cinéfilos hemos vuelto a hacer fila y regresamos otra vez a los cuestionamientos de la Bardot.
Contempt es lo más cercano a un filme comercial en la obtusa y erudita carrera del cineasta francés. En 1963 en plena popularidad “nouvelle vague” Godard se dio a la tarea de filmar en cinemascope su primera producción internacional con un elenco de estrellas.
La película esta basada en la exitosa novela homónima del escritor italiano Alberto Moravia. Hay que hacer la salvedad que aunque fiel al argumento, Godard sustituye la indagación psicológica de Moravia por un análisis meta cinematográfico. Si Contempt va de algo no es tanto de cómo se pierden los lazos de amor sino de cómo se filma una película de este tipo. Estipulado esta desde el principio: el primer plano de la película es un encuadre fijo del cinematógrafo Raoul Coutard trepado en un dolly mientras sigue a una de las actrices.
Es el juego del filme dentro del filme lo que privilegia Godard con el pretexto de contar el desaliento amoroso de la pareja. Dos historias corren paralelas. Por un lado la degradación artística ocasionada por el cine comercial y por otro, la de un hombre mediocre con un fallo de masculinidad. Ambas son importantes y están entrelazadas pero en definitiva la historia sobre el cine sale victoriosa.
Jean-Luc supo muy bien adaptar el material del relato (un escritor contratado para re-escribir una adaptación más comercial de La odisea) para describir los tormentos suyos al enfrentarse a los magnates de la producción Joseph E. Levine y Carlo Ponti. En la película un odioso productor americano, interpretado genialmente por Jack Palance, se inmiscuye en la decisiones del cineasta Fritz Lang (haciendo de sí mismo) con tal de trivializar el clásico de Homero. A la vez, urde un plan de seducción para robarle la mujer al guionista.
En la ficticia producción (espejo de la misma película de Godard) las acciones del productor son inescrupulosas y afectan el bienestar de todo el crew. Por su parte el autor Lang, con paciencia Zen, debe aguantar los antojos de último momento tratando de mantener su visión filosófico-poética de la obra. En otras palabras Lang=Godard. Los roles están bien establecidos en esta dinámica. Es quizás Paul, el guionista, quien no sabe ajustarse a la filmación ni cumplir con lo que se espera de él como escritor y esposo. Profesional e íntimamente Paul termina siendo pisoteado por la industria. Tanto su guiso de guionista como su matrimonio se viene abajo. Paul no logra entender la visión de Lang ya que se adhiere a la versión del productor más cercana a lo que esta viviendo con su esposa. Sin encontrar su propia motivación en el proyecto no logra escribir. Camille no sólo le reclama su incapacidad de protegerla del avance sexual del productor, sino también su falta de aplomo a la hora de escribir o elegir su postura artística. Esas parecen ser las claves de su desprecio. Sin darse cuenta Paul comete un suicidio artístico y amoroso.
Interesantemente ficción y realidad se juntaron. En la ficción el destino libera a Fritz Lang del productor y del inseguro guionista pudiendo filmar sin obstáculos su versión de la historia. Mientras Godard en la realidad, a pesar de la maquinaria comercial, terminó con una de las películas más logradas de la época y de su carrera. ¿Amamos a Contempt? Creo que la respuesta general es afirmativa, por algo se sigue revisitando y celebrando incluso si es por razones que en su momento mortificaron a Godard. Veamos:
Factor #1 Brigitte Bardot
Aunque en el cénit de su popularidad como sex symbol, Bardot logró bajo la dirección de un reticente Godard encarnar a una Camille de fiereza interna y matices. Godard quién no la quería desnuda en la película tuvo que aceptar el deseo de los productores logrando con las escenas de desnudos un balance de erotismo intelectual pocas veces igualado en el cine. La rubia se alejó de la interpretación simplista “trophy wife” que muchos hubieran instigado. Por los distintos niveles de ansiedad matrimonial que Bardot logra articular, entendemos la psicología compleja que comunica el texto de Moravia y que Jean Luc trató de extirpar. El intercambio resultó excelente: una actriz de las masas le dio visibilidad a una película difícil y dura y la película a su vez le demostró al público que Bardot podía cargar una trama seria.
Factor #2 Cinesmascope
A pesar que Godard detestaba la idea de tener que filmar en el apoteósico cinemascope, la hermosa fotografía de Coutard, en contraste con la intimidad de la historia es uno de los mayores logros del filme. El brillo de los colores en los decorados, el baile de los actores con la cámara y la vastedad de los paisajes soleados de Capri son puro placer estético en pantalla grande. La visual es en todo momento evocadora y funciona como contraparte a lo hermético de los sentimientos. Una película como The Master de Paul Thomas Anderson, por ejemplo, le debe todo a este estilo fílmico. Así mismo, las contantes tomas abiertas en dolly se volvieron a partir de esta película en marcas de la firma Godard.
Factor #3 La novela/el guión
Reconocido por masacrar libros y usarlos como le da la cabrona gana, Godard se mantiene fiel a la novela de Moravia contando el colapso matrimonial de Paul y Camille de principio a fin. Acostumbrado a filmar sobre la marcha y con abundante improvisación, es una de las pocas películas de este director que contó con un guión desde el principio. Probablemente por esta misma razón es su película con mayor cohesión. Las características de su cine más conceptual ya están aquí: las citas a filósofos y poetas, los personajes leyendo de libros o los comentarios sobre teoría del cine. Sin embargo en Contempt están orgánicamente integradas a la trama. Otro logro de este guión es la escena de la discusión de la pareja que se extiende por 32 minutos sin cambiar de espacio. Aunque exasperante estoy seguro que esta riesgosa secuencia sentó las bases para el trabajó de Bergman en Scenes from a Marriage, de Woody Allen en Husbands and Wives entre otras, o la más reciente Before Midnight de Richard Linklater.
Factor # 4: El multilingüismo
Para evitar que le doblaran la película Godard dejó a los actores hablar en sus idiomas de origen. Inglés, francés, italiano y alemán se entremezclan en todo momento y los subtítulos se utilizan cuando es necesario. Godard incluso incorporó exitosamente el personaje de la traductora de Jack Palance y Fritz Lang. El realismo idiomático es un elemento extrañamente reciente en el cine y de hecho poco utilizado o avalado por las productoras sean europeas o americanas. Usualmente el doblaje es el rey o la utilización de actores nacionales haciendo de extranjeros. En el mejor de los casos la utilización de frases o palabras sueltas en el idioma de afuera. Contempt esta super adelantada en el tiempo a este respecto y sigue siendo un modelo excelente de cómo trasladar al cine una experiencia lingüística globalizada.
Poder revisitar películas en pantalla grande es un privilegio de ciudades cosmopolitas y sus cinematecas. A menos que sea Star Wars la distribuidoras raras veces miran al pasado. Estoy consciente que ver Contempt de esta forma es prácticamente imposible en cualquier otro lugar que no sea Nueva York, pero quizás el re-escribir sobre estos clásicos es un pequeño paso para no olvidarlos y reclamar su importancia en nuestra común historia cultural.
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miércoles, 18 de septiembre de 2013
viernes, 28 de septiembre de 2012
Lecturas paralelas: Mitologías de Roland Barthes/ Alphaville y Weekend de Jean-Luc Godard
Mito y cine negro
En Alphaville (1965), Jean-Luc Godard construye un escenario social futurista en donde la ciudad, como entorno de una realidad automatizada, ha llegado a tal punto de higienización, que ha perdido todo tipo de rasgo propio. Los espacios que retrata Godard se caracterizan por su neutralidad: lobbies y cuartos de hotel, estacionamientos, pasillos de oficina, salones de computación, autopistas, etc. En estos espacios estériles y sobrios confluyen personajes dispares y anacrónicos como el reconocido detective duro, los gangsters, las mucamas “femme fatale” que se comportan como androides, los científicos, los ingenieros, los funcionarios de gobierno y por supuesto la computadora omnipresente y todo poderosa Alpha 60 que suprime el lenguaje de la población. La inteligencia artificial de Alpha 60 desaparece palabras del idioma y con ellas, conceptos y comportamientos sociales de épocas anteriores dejando a la población en un vacío existencial.
El filme comienza con la llegada a la ciudad del detective Lemmy Caution procedente de las “tierras extranjeras”. Con su presencia Caution altera el orden y los sistemas de control de la ciudad. Ser extranjero trae el peligro de la diferencia. Él es una amenaza que se mueve, como buen detective, por encima de la ley.
En el ensayo Poder y desenvoltura del libro Mitologías, Roland Barthes analiza el papel y la importancia del gesto dentro de los filmes de serie negra o sea el cine de detectives y gangsters; Filmes de los cuales Lemmy Caution parece provenir. Barthes distingue cómo estos personajes son reducidos en una estrecha economía gestual y a asumir una desenvoltura que enaltece el carácter calculador, desafectado y cínico. El poder, la astucia y el control de estos personajes residen en la limpieza emotiva, la sangre fría para articular el gesto preciso: “Lo exiguo del gesto decisivo posee una tradición mitológica, desde el numen de los dioses antiguos que con un movimiento de cabeza hace tambalear el destino de los hombres” (Barthes, p.73) La potencia de cada acto realizado reside en el absoluto control de las facultades motoras. El cuerpo realiza un mínimo de esfuerzo en donde cada movimiento y cada gesto señala a la muerte para aplicarla o revertirla. Desde el primer plano en donde Caution prende su cigarrillo dentro del auto con un golpe sonoro del encendedor, este absoluto control que describe Barthes se establece. Godard coloca con ello su película en el terreno del cine negro. Sin embargo, contrario a la usanza de estos filmes en donde el detective inicia la narración con una reflexión interna, la computadora Alpha 60 (representada por una luz intermitente) es la primera que habla instaurando su poder en la ciudad y al filme dentro de los contornos de la ciencia ficción.
Luego del clásico cigarrillo, Caution pasa a verificar el buen funcionamiento de su pistola. De esta forma logra la cristalización total del personaje detective. Ante estos gestos fílmicos Barthes observa la naturalidad con la cual el revólver se convierte en objeto privilegiado. Simboliza para estos personajes la continuidad de una vida que se apoya en el peligro y el riesgo constante. El revólver le promete al espectador la continuidad de las aventuras, la vitalidad de los personajes involucrados. “La emergencia del revólver no tiene en este caso un valor trágico, sino únicamente cognitivo; significa la aparición de una nueva peripecia, el gesto es argumentativo y no concretamente aterrador”. (Barthes, p.74) Como lo indica el subtítulo del filme estamos ante la “extraña aventura de Lemmy Caution”. Barthes, advierte como ese gesto contrapone la acción a la palabra. Para el personaje del cine negro la palabra hablada es un lujo que pertenece al orden del ocio. Hablar es solo una muestra de ingenio, un estado de relajación donde los discursos acentúan y confirman todo aquello que el gesto ya había expresado. Al entrar al hotel Caution decanta la palabra al mínimo. “El espectador posee así la ilusión de un mundo seguro que se modifica sólo bajo la presión de los actos y jamás bajo la presión de las palabras”. (Barthes, p.74) El detective rechaza los estímulos de conversación que proponen los empleados o la mucama, por ningún motivo se relajaría en un parloteo trivial o mucho menos en un flirteo. El acto lo es todo. (Irónicamente Caution pasa a ser el protector del lenguaje dentro de la desintegración idiomática de Alpha 60).
Barthes explica como la desenvoltura presentada por el cine negro indaga en la eficiencia de un mundo bajo el dominio del acto en el cual la palabra no detiene ni obstruye las relaciones entre vida y muerte. En el cuarto ante la primera y sorpresiva amenaza de ataque, Caution golpea y saca a balazos al anónimo enemigo. Caution se libera de los enemigos con su pistola y de la seducción fácil vistiendo a la mucama que realiza un rápido striptease.
En el ensayo Striptease Barthes analiza como este acto contradictoriamente desexualiza a la mujer al mismo momento en que se le desnuda, “como si el erotismo dejara en el ambiente una especie de delicioso terror” (Barthes, p.150) Caution desconfía de las mujeres que se le ofrecen. Tener sexo con ella sería una debilidad que no puede permitirse, sería afirmar su naiveté, un blanco fácil para los enemigos. Caution la viste y le toma una fotografía con un dibujo pornográfico en la cabeza. El desentraña los motivos de su juego erótico antes que suceda y la identifica con esta foto en el rol mitológico de la seductora. Caution no se interesa tampoco por un placer de voyeur. Sabe que verla desnuda es, utilizando las palabras de Barthes, “igualmente irreal, pulido y cerrado como un objeto bello que se desliza al margen del deterioro humano por su misma extravagancia.”(Barthes p.152)
Aunque el filme de Godard merecería un análisis exhaustivo de todas sus partes por la cantidad de referencias mitológicas y guiños juguetones a los géneros cinematográficos con los que trabaja, analizo aquí solo los primeros minutos del filme, o sea, la presentación del personaje principal para ejemplificar el manejo concienzudo del cineasta de los signos mitológicos de la cultura popular moderna. Godard presenta un mito híbrido en donde mezcla el comic, la literatura “pulp”, la fantasía distópica con teorías y cuestionamientos meta-cinematográficos acerca del lenguaje y la tecnologización de la sociedad. Con esta hibridez estética y formal, Godard logra lo que Susan Sontag analiza en su ensayo Godard como “un rechazo irónico a la consagración de un género específico o a una manera específica de encarar la acción”. (Sontag, p. 250)
Burguesía y mito
En uno de los últimos ensayos de su libro Barthes explica la razón de esbozar los mitos contemporáneos que trabaja en su serie: “nuestra sociedad es el campo privilegiado de las significaciones míticas”(Barthes, p.232). La razón es precisa: se vive en una sociedad capitalista burguesa. Los aspectos de la vida cotidiana están interpretados por una filosofía de lo práctico y lo moderno, conceptos que están profundamente ligados al ritmo y las propuestas del mercado. Manejados, y por tanto controlados por las representaciones que “la burguesía se hace y nos hace de las relaciones del hombre y del mundo”, la vida en sociedad fluctúa y se modifica mediante los poderes de la producción y la caducidad de los productos. La normalidad es para el burgués una relación de actitud, apropiación y manejo de objetos adquiridos y por adquirir. Incluso el arte y la cultura se engloban como objetos consumibles y desechables como muy bien trajo a colación el Pop Art.
En este análisis social, Godard coincide marcadamente con Barthes. Sus películas examinan esta problemática constantemente. Es quizás Weekend (1967) su filme más crítico y cínico al respecto. De manera episódica, la película retrata las peripecias insulsas de una pareja burguesa deshumanizada en el intento de pasar de la ciudad al campo para un descanso de fin de semana. En este mundo desechable, (de hecho uno de los subtítulos de la película es “un filme encontrado en la basura”) el automóvil se eleva a la categoría máxima en el fetiche del mercado. Perecería tratarse de cierto tipo de prótesis, los personajes son, existen, en la medida en que transitan o se relacionan con sus autos. La carretera es el espacio del desbordamiento donde la población se acorrala y lucha por un flujo veloz. Las relaciones humanas todas violentas, todas insensibles, ocurren en el contexto de los inevitables accidentes que ocurren.
“En Weekend, Godard contrasta la barbarie mezquina de la burguesía urbana propietaria de automóviles con la violencia posiblemente catártica de una juventud reencontrada con la barbarie”. (Sontag, p. 256) No más comienza el filme, con un estruendo de bocinas, la pareja que toma café en la terraza de su lujoso apartamento, llena su aburrimiento con los datos de un accidente de carros donde murieron siete personas. Al mismo tiempo, en el estacionamiento, dos autos chocan y uno de los conductores le da una paliza al otro. En otra escena ocurre otro choque innecesario que termina en insultos y disparos. Como analiza Barthes en el ensayo El nuevo Citroen para el consumidor burgués el auto es el producto de culto: “constituye una gran creación de la época, concebido apasionadamente por artistas desconocidos, consumidos a través de su imagen, aunque no de su uso, por un pueblo entero que se apropia, en él, de un objeto absolutamente mágico”. (Barthes, p.154) Esa concepción del carro como objeto mágico parece influir a los personajes de Godard, que lejos de concebir el peligro de los impactos en la carretera, se piensan y actúan en él como indestructibles.
Moviéndose caóticamente, el auto es sobretodo una imagen del poder de adquisición burgués en donde el traslado es lo de menos. Lo importante es presumir estar al volante. Como en la publicidad del Citroen que estudia Barthes, “todo significa una especie de control que se ejerce sobre el movimiento, concebido en adelante en función del confort y no de los resultados sorprendentes”. La paradoja reside, como bien presenta Godard, en que el confort siempre es potencial porque con la saturación de autos, lo que resta es consumir el tiempo en tapones interminables y accidentes.
Godard muestra esta absurdidad con un plano secuencia de ocho minutos en donde retrata un tapón en una carretera campestre. La cámara retrata animales enjaulados, grupos de estudiantes cantando, juegos de pelota y cartas, carrozas con caballos, veleros, carros estrellados contra árboles o volcados en el camino, cuerpos sangrientos esparcidos por la brea. Todo forma parte del ritual de viaje del fin de semana, la crueldad de la ciudad reencontrada en el camino, el precio terrible del disfrute de un día sin trabajo.
Tanto Roland Barthes como Jean-Luc Godard enfocaron su trabajo durante los años sesenta al examen de la cultura de masas y los movimientos populares. Como mitólogos en sus escritos y películas, respectivamente, realizan un retrato que no escatima en mostrar los defectos y vicios de la sociedad capitalista. Aceptando una fascinación por las narrativas populares que estructuran la vida del ciudadano, el ensayista y el cineasta utilizan estos mismos relatos que trabaja la publicidad, la televisión, las revistas o el mismo cine para cuestionarlas y develar su poder de seducción. Sus obras son meta-referenciales porque se saben inmersos en el funcionamiento de los discursos de poder. Su obra les funciona como escalpelo que penetra en las entrañas del cuerpo socio-cultural de la época.
-Barthes, Roland. Mitologías. Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2004
-Sontag, Susan. Estilos Radicales. Santillana, Buenos Aires, 2005
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